Los seres humanos somos el
resultado de un entramado de relatos e historias. No solo nuestras vidas
personales están marcadas por narrativas, sino también el entorno en el que
crecemos, vivimos o nos desarrollamos. A través de la lectura, nos conectamos con
ese universo de historias que nos han moldeado. Es gracias a la lectura como
conocemos y nos ubicamos en ese cruzado entorno de narraciones que nos han
construido. La herramienta que permite el periplo por esas historias es el
libro, que lo mismo sirve para imaginar y conocer el pasado, que cavilar sobre
el presente e imaginar lo que será el devenir.
Pero las formas de leer están
en constante cambio: con el correr del tiempo, los formatos y los dispositivos
de lectura se amplían y ahora, incluso, el fenómeno de la lectura tiene un rostro
difuso de cómo se despliega. Sabemos, por ejemplo, que en algunas naciones un
libro puede de inmediato alcanzar la venta de cientos de miles o incluso
millones de ejemplares, que no necesariamente serán leídos o están destinados a
ser mero regalo o un artificio lúdico. Por ejemplo, Estados Unidos que es el
campeón por antonomasia de la cultura de masas, en donde todo lo que se precie
de ser un producto cultural tiene que traducirse en millones de ventas, el
libro pasa bien la prueba.
Sin embargo, Estados Unidos no
es el país en donde más se lee: tiene un promedio de 12.6 libros leídos
anualmente por persona, mientras que su vecino Canadá supera los 17 libros
anuales, mientras que su otro vecino, México, está rezagado en 3.9 libros. Pero
hay países como Francia que superan
los 17 libros anuales, Corea del Sur alcanza los 11 o España los 7.
No tenemos claridad de los
porcentajes de libros que se leen por soportes, ya que a pesar de que el e-book
se promocionó en demasía hasta no hace mucho, e incluso se llegó a difundir por
sus promotores, y también por sus detractores, como la vía que acabaría con una
tradición y la misma cultura del libro impreso, lo cierto que se ha quedado,
para bien o para mal, en mera especulación, como muchas de las cosas que a
veces se preludian en el campo de la tecnología. Tomemos la referencia de
Estados Unidos, el país que ha promovido desde los años 60 el libro
electrónico: los libros impresos representan aproximadamente el 75-80% de las
ventas totales de libros. Los datos indican que en 2023, se vendieron 720
millones de libros impresos y 195 millones de e-books, mientras que en
2024, las cifras fueron de 710 millones para impresos y 200 millones para e-books.
Los e-books constituyen entre el 25-29% de las ventas totales; según
encuestas recientes, los libros impresos siguen superando a los electrónicos también
por una cuestión que raya en el fetichismo.
En México las ventas de e-books
representan una ínfima cantidad. Los
datos indican que en 2023, se vendieron aproximadamente 65 millones de libros
en formato papel y 3 millones de e-books; en 2024 las cifras fueron de
alrededor de 68 millones para papel y 3.3 millones para e-books (shre.ink/bcpH).
De acuerdo con el último año, los libros electrónicos representan cerca del 5% del
total. El porcentaje de lectores que prefieren e-books ha aumentado
lentamente (shre.ink/b2Ou). La preferencia tanto de adultos como jóvenes por el
papel es clara y al auge de géneros como la no ficción o incluso los comics, curiosamente,
favorecen el formato físico.
A estas alturas no es claro cuando
los e-books desbancarán al formato convencional, cada año arañan fracciones
del mercado, pero los libros físicos siguen siendo muy populares. En el pasado
se creyó que uno de los obstáculos para que la gente no se acercara y
adquiriera un e-reader era cuestión generacional, que las personas anteriores
a la millennial se les dificultaba navegar y explorar un libro
electrónico; además, a diferencia de quienes provenían de las disciplinas
científicas (ingeniería en sistemas o física, por ejemplo) los de humanidades
tenían problemas para familiarizarse y explorar dispositivos electrónicos, pero
conforme transcurriera el tiempo, con el recambio generacional, ganarían en
interés los dispositivos de lectura electrónica, pero resulta que los mismos centenials
todavía gustan del formato papel.
Pero la manera de acercarse a
los libros tiene diversas vías, una que ha adquirido auge justo ahora que se
ponen de moda los podcasts es el audiolibro, que para muchos usuarios es una
forma cómoda de acercarse a las obras y en donde el consumo de los mismos
oscila entre la literatura, historia política o incluso temas científicos. De
acuerdo con datos de la macroencuesta Statista Consumer Insights, en China el
42% de los encuestados dicen haber consumido audiolibros en los últimos doce
meses. Sudáfrica le sigue de cerca con un 33%. En el caso de México y Alemania
tienen un porcentaje destacado de consumidores de audiolibros, con un 29% y un
27%, respectivamente.
Esto descuadra completamente
las estadísticas generales sobre lectura. ¿Cómo se toma un audiolibro: como si
fuera similar a leer un libro o como una especie de podcasts? Las mecánicas de
medición no dan cuenta clara de la cantidad de libros que se leen en la
actualidad si se toma en cuenta las vías que existen para leerlos. Varios incluso
consideran que un audiolibro no puede ser estimado como lectura, que está lejos
de la manera en que se aprovecha o lee un libro impreso o digital, el audio no
permite absorber fielmente un contenido narrativo, las ideas y los mensajes del
autor. A estas altura todavía hay esencialistas de la lectura que consideran o
atribuyen una cualidad intrínseca al acto de leer en papel, que por esa
materialidad sería superior a otros formatos, ligando la esencia de la lectura
a un soporte, en este caso a un medio físico. Hoy es absurdo sostener eso, ya
que la diversidad de experiencias lectoras y los avances tecnológicos permiten
que las formas de leer se hayan diversificado. Lo que está claro, es que las
formas de acercarse a los contenidos han cambiado mucho, por lo que las encuestas
que solo toman en cuenta los libros físicos que se leen están desfasadas, no
atrapan el fenómeno de la lectura en su justa dimensión.
El otro gran cambio que ya está
en camino es el de la inteligencia artificial (IA), ya que la misma puede crear
borradores iniciales o incluso novelas completas, lo que podría revolucionar el
proceso creativo tradicional (shre.ink/b2Jo). Lo cierto es que las formas de
leer y escribir siempre están en transformación. Desde el auge de los
audiolibros hasta la incursión de la IA en el proceso creativo, la lectura cambia
rápidamente. Aunque el libro físico sigue siendo popular, es evidente que las
nuevas tecnologías están cambiando la forma en que nos relacionamos con los
contenidos. Lo cierto es que las encuestas tradicionales que solo miden la
lectura de libros físicos ya no capturan la complejidad del fenómeno lector en
su totalidad. Pero todo esto puede verse alterado con la IA, que amenaza con
darle un giro de 180 grados tanto a la lectura como a la misma escritura.
Publicado en La Jornada Morelos
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