Espacio público digital

lunes, 23 de enero de 2017

Antes de que internet se masificara, los conocimientos nuevos eran producto de un diálogo y de prácticas efectuadas en espacios que mediaban la discusión social y eran el soporte de la denominada esfera pública. De acuerdo con Habermas, la esfera pública es la dimensión en la cual se manifiestan las demandas de la sociedad con el objetivo explícito de influir, conducir, corregir e incluso controlar al Estado. 
Tradicionalmente se ha considerado a los medios de comunicación como las correas de transmisión que alimentan de ideas para el debate y fortalecen la opinión pública, seleccionando a las personas de valía, a especialistas, a representantes populares y líderes gremiales,  para que contribuyan a formar una opinión pública. 
Primeramente fue la prensa, en el siglo XVIII, quien le otorgaba la palabra a los ciudadanos, particularmente a quienes suponía encarnaban el interés general y representaban, a través de sus puntos de vista y opiniones, al conjunto de la sociedad o a una porción importante de ciudadanos. Ese registro de opiniones de la prensa por lo regular se acompañaba de otras opiniones de conocedores del tema tratado. 
Fue así como los periódicos, posteriormente la radio y la televisión, se tornaron en mediadores, en filtradores de las opiniones que merecían ser escuchadas por las audiencias. Los medios otorgaban la voz a las personas basándose en un sistema de reconocimiento de las mismas por su prestigio, autoridad o importancia. Los medios conformaban un ecosistema informativo en donde actuaban como auténticos celadores de la información. Esa dinámica ha sido modificada por internet. 
La masificación de internet fracturó esa arquitectura del espacio público oligárquico tradicional, en donde pocos medios filtran y establecen cuáles son las pocas personas indicadas o de valía para dar sus puntos de vista a la sociedad. Como refiere Clay Shirky, con los medios digitales cualquier usuario publica, y son los lectores quienes deben filtrar y seleccionar qué tipo de opiniones leer, ver o escuchar; pueden optar por contenidos informativos, investigaciones o por opiniones irónicas y contenidos lúdicos. 
El historiador Robert Darnton ha referido que los dos principales atributos de la ciudadanía son la escritura y la lectura. Para varios, internet al permitir potencialmente a todas las personas expresarse, y al “otorgar” a cualquier individuo el derecho a opinar, sin sufrir taxativas o censura alguna, ensanchó la esfera pública y otorgó una soberanía ciudadana real, superando el delegar en instancias intermedias que interpretaran lo que pensaban y sentían los ciudadanos y prescindiendo de los voceros de la colectividad. 
Pero lo que se imaginó que se convertiría en fuente de pluralidad y riqueza, también ha nutrido procesos anticiudadanos. Se pensaba que las redes sociales no eran solo el vehículo del real proceso de apropiación de la red por parte de los ciudadanos, sino también la ruta para devolver a las personas la capacidad de hacer sentir su peso, de auto-organizarse, de ejercer la crítica ciudadana sofocada por los medios de comunicación convencionales. 
Sin embargo, desde que empezó el proceso de masificación de internet estaban ya presentes los aspectos que han exponenciado las redes sociales, que han puesto de manifiesto que se han pulverizado las ideas optimistas del uso sensato y ciudadano de tales herramientas, porque han dado cabida a una proliferación de contenidos falsos propalados por mercenarios digitales, de carne hueso, o de los mismos algoritmos, que actuando como escuadrones de propaganda distorsionan los hechos. 
Está claro que esto es un problema que se debe combatir desde varios frentes, desde las mismas plataformas, donde los usuarios y cualquier instancia generadora de contenido. No obstante, no puede soslayarse que la información errónea es obra de grupos poderosos de interés y presión, de fuertes estructuras que invierten mucho dinero con el fin de alimentar las plataformas con noticias falsas y de consolidar intereses políticos y económicos.

Artículo publicado en El Universal de Querétaro.

Facebook y China

viernes, 16 de diciembre de 2016

Se dice que en los tiempos que corren es la ética empresarial la que guía el accionar de las empresas, que a través de su arquitectura normativa establecen las conductas sobre su operación en cualquier mercado donde participa. Incluso este accionar se esperaría que fuera mucho más consistente en las empresas transnacionales dedicadas al tratamiento de la información, como es el caso de los gigantes de internet. 
No obstante, en los hechos ese aspecto se presenta de manera desigual en las firmas de las nuevas tecnologías, ya que han demostrado que los principios y criterios con los cuales se rigen son tan laxos que los aplican de acuerdo a la región en donde operan. Eso lo vemos claramente con la actitud de Facebook de invertir nuevamente en China.
Como se sabe, Facebook tuvo un paso efímero en esa nación, ya que las autoridades le cerraron la llave en 2009, cuando se dieron los disturbios en la provincia occidental de Xinjiang, que causaron numerosos muertos. La agitación social se atribuyó a las redes sociales y le atrancaron las puertas. También corrió la misma suerte en ese año Twitter, e incluso otra empresa de Zuckerberg, Instagram, fue prohibida en el 2014. 
A pesar de ello, Facebook ha señalado su interés de regresar por sus fueros a esa nación. Desde hace algunas semanas se viene diciendo que dicha red social quiere retornar a ese país y, para no tener objeciones, ha desarrollado un software que suprime las publicaciones que aparecen en la página de inicio de los usuarios. Lo destacado es que para lavarse las manos y evitar suspicacias o equívocos no será Facebook quien elimine los contenidos, sino las autoridades encargadas de monitorear lo posteado.
El mercado chino es muy apetitoso para los titanes de la red, no solo porque existen más de 700 millones de chinos enchufados al ciberespacio, sino porque es una zona con un comercio electrónico boyante. Todas las empresas que en otros momentos han operado en China (Google, Yahoo o Microsoft), han debido plegarse a la censura imperante. Todas aceptan censurar con mayor o menor escrúpulo y la ponen en práctica con más o menos rigor. 
Incluso lo reconocen abiertamente. Google, por ejemplo, señaló en enero de 2006: “(…) con el lanzamiento de Google.cn, nuestro sitio web para la República Popular de China, hemos acordado eliminar determinada información sensible de nuestros resultados de búsqueda. Sabemos que mucha gente está molesta por esta decisión (…). Esto no fue una elección fácil, pero al final creemos que el curso de acción que hemos elegido resultará ser el correcto”. 
Todas esas firmas son bipolares: en unas naciones, en donde existe libertad de expresión, rechazan censurar contenidos. Pero en otras, en donde las autoridades les ponen taxativas para operar, aceptan sus condiciones. Ejemplo de ello son Pakistán, Rusia y Turquía, en donde cumplen con los requisitos gubernamentales de bloquear cierto contenido después de su publicación.
Pero Facebook no la tiene fácil: competirá con WeChat y Weibo, dos redes sociales muy populares en China, que cuentan con cientos de millones de usuarios. Recordemos que después de plegarse a la censura china, el motor de búsqueda de Google no cuajó, alcanzó una baja cuota del mercado comparado con Baidu, el buscador nativo y dominante en esa nación, por ello al último hizo una salida “honrosa” diciendo que se retiraba de ese mercado por la censura existente. 
Los objetivos de Facebook son superar el estancamiento en que ha caído en el mercado occidental, ganar una cuota significativa de usuarios chinos y ver si puede hacer lo que sus competidores en otras áreas no han sido capaces de realizar: quitarle algunas cuotas significativas del mercado a las empresas chinas.
El problema es que plegarse a la censura china puede ocasionarle daños a su imagen. La otra cuestión es que Facebook podría complicar más la actividad de los opositores al régimen y facilitar el trabajo de los censores. Pero al final no sería raro, si es que Facebook termina por operar en China, que le pase lo mismo que en el pasado:  retirarse de ese país en unos cuantos años. 

Artículo publicado en El Universal de Querétaro.

Trampas de Trump

lunes, 5 de diciembre de 2016

Diversos autores expresan que el triunfo de Trump fue resultado del uso que hizo de las nuevas tecnologías de comunicación. Para Antonio Casilli no fue un fenómeno algorítmico lo que explica su triunfo o el manejo que se hizo de las noticias falsas, sino la utilización de los mecanismos publicitarios de Facebook. 
La clave del éxito de Trump, según Casilli, estuvo en que el republicano contrató mano de obra barata: invirtió en las famosas granjas de clicks de Facebook y se apoyó en personas que eran parte del sector de denostados en su campaña. Trump sin pudor alguno contrató un ejército digital que trabajó a destajo y sin importar que eso desmintiera uno de los aspectos centrales de su “programa”: que la gente de otros países le quita el trabajo a los estadunidenses. 
Mano de obra barata y crowdworkers existen al por mayor en Asia y regiones del tercer mundo. Caselli destaca como Trump echó mano del trabajo mal remunerado, el de la generación Millennials de diversas partes del orbe, para efectuar microtareas de campaña. Los contratados fueron captados a través de Fiverr, plataforma donde, por unos pocos dólares se puede uno hacer de redactores, diseñadores gráficos y un sinfín de profesionales de las nuevas tecnologías. 
Trump se nutrió del ejército de jóvenes que forman parte de las huestes de las industrias creativas. Algunos de ellos, chicos de los balcanes, de Macedonia, actuaron como auténticos mercenarios: se capacitaron y habilitaron para fungir como una escuadra de "spammers”, diseñando contenidos para generar mensajes de odio, ser activos participantes en las campañas de encono digital y establecer estrategias aberrantes de desinformación apoyándose en el boyante mercado de clicks, y engañar así a partidarios de Trump con contenido falso y reforzar su inclinación por él y reflejado en los “me gusta”.
Pero la gente que participó o trabajó en la campaña de Trump aglutinó distintas nacionalidades. De acuerdo con Business Insider, Trump compró directamente 60% de sus seguidores de Facebook. La mayor parte de los mismos procedieron de Singapur, Filipinas, Malasia, India, África del Sur, Indonesia, Colombia e incluso de nuestro vilipendiado país. 
Casilli recuerda un aspecto central del modelo de negocio de Facebook: limita la circulación, o alcance orgánico, de la información en dicha red de manera exprofesa. Facebook señala que ese filtrado se hace para proteger a las personas de que vean contenidos no deseados, pero en realidad eso es parte de su modelo de negocio dirigido a que los usuarios paguen para que sus contenidos tengan un alcance más amplio.
Así que algunas empresas, partidos políticos y algún ególatra despistado, que quieren alcanzar a millones o miles de personas, como estrategia de marketing y propaganda, y obtener una mayor cantidad de los preciados “me gusta”, tienen que hacer uso de las denominadas granjas de cliks. 
Como se sabe, ese modelo de propaganda se finca en el pago de mano de obra barata procedente de países en vías de desarrollo. Ese enorme mercado evidencia la farsa de la participación voluntaria en los medios sociales en línea, ya que las personas contratadas se abocan a producir “clikcs/me gusta” dentro de un modelo de negocios y propagandísticos basado en un esquema laboral precario y deslocalizado.
Este modelo de compra de mano de obra digital no solo reproduce la manida desigualdad entre los países del Norte y del Sur, sino que constituye, como dice Casilli, un nuevo modelo de trabajo-explotación, evidenciado por empresas como UpWork, que cuenta con 10 millones de empleados a destajo, o Freelancers.com, con 18 millones.

Independientemente de que eso conforme nuevas modalidades de esclavismo (“iSlavery"), lo cierto es que esa es la realidad que se impone para un amplio sector de los denominados integrantes de la generación Millennials y Z del tercer mundo, que actuando como empresarios individuales no solo estarán disponibles para ser usados en múltiples campañas de marketing en la red, sino también prestos a actuar como mercenarios para apoyar a cualquier orate o desfasado que quiera alcanzar el poder. 

Artículo publicado el 04 de diciembre de 2016 en El Universal de Querétaro. 

El dominio de las noticias falsas

lunes, 28 de noviembre de 2016

Después de ahogado el niño se quiere tapar el pozo. Apenas se digiere la resaca del reciente proceso electoral de Estados Unidos y ya se incrementan las críticas. Una idea compartida por analistas es que fue un proceso que destacó por la cantidad de noticias falsas publicadas en diversos plataformas sociales. En Facebook (FB), por ejemplo, el día de las elecciones la cantidad noticias falsas superó a la “reales” y esos contenidos fueron evidencia del lodo y excremento que desfiló a lo largo y ancho del ciberespacio durante dicho proceso electoral.
A pocos extraña esto ya que desde hacía tiempo el universo de hoaxes y sitios fake son una realidad, particularmente en las redes sociales y Google, y las herramientas para frenarlos han sido inoperantes. Incluso Paul Bradley, señala que representantes de FB y Twitter al arrancar las campañas en Estados Unidos decidieron eximir de las normas de control habitual de los mensajes a los candidatos.
Se partió de la idea que Hillary y Trump requerían tener un tratamiento diferente, porque ese proceso era fundamental para la democracia de esa nación y los candidatos debían contar con libertad absoluta y, por tanto, sus mensajes no serían filtrados. Cuestión que aprovechó Trump: se regodeó en difamar a su oponente, atacar a las minorías, hacer alarde del menosprecio a las mujeres, mentir y atacar a los medios convencionales de comunicación.
Tanto los equipos de Hillary como de Trump encontraron en las redes sociales el campo idóneo para aventar estiércol al por mayor. Lo cuestionable fue la manera en que las plataformas dieron la espalda a esto.
Durante la campaña estadunidense se difundió que FB era consciente de esa situación, incluso se dijo que había desarrollado una herramienta para reducir la exposición de información falsa y engañosa a sus usuarios, que afectaba sobre todo a los sitios conservadores, pero los directivos le dieron la espalda a eso y no implementaron esos algoritmos para no ser acusados de parcialidad.
Ante la avalancha de críticas, Zuckerberg ha anunciado que FB mejorará la detección de información errónea e implementará mejores herramientas que permitan a los usuarios reportar fácilmente los contenidos falsos; permitirá que terceros puedan verificar los contenidos; implementará procedimientos de advertencia a las personas sobre la información errónea; mejorará la calidad de los artículos relacionados que aparecen en el servicio de noticias; mejorará su esquema publicitario para identificar mejor el spam que emana de sus las granjas de cliks y hacerse eco de las propuestas de los usuarios para mejorar la verificación de la información.
Google también ha anunciado planes para moverse en la misma dirección implementando herramientas de verificación de datos de lo publicado en su servicio Google Noticias y tener un mejor filtrado en su buscador. Tanto FB como Google impedirán que los sitios de noticias falsas ya no puedan hacerse de dinero como sucede actualmente. Tampoco se queda atrás Twitter y emprenderá medidas para tal efecto.
No obstante surgen las voces que indican que eso es darle mucho poder a dichas plataformas, ya que eso podría ser un pretexto para controlar la circulación de contenidos y derivar en acciones de censura.  De todas maneras no debe olvidarse que difusión informativa no es algo neutral, desde el momento que se confeccionan los algoritmos se alinean o ajustan a los intereses de quien lo implementa, en este caso a su modelo de negocio.

En la era de la economía de la atención, lo que más se propaga es lo que manda.  Además, la mala información la irradian o proviene de nuestros mismos contactos. Si bien es cierto que la propalación en las redes sociales de las noticias falsas es una realidad, no olvidemos que no son la enfermedad sino el síntoma de algo más profundo. A despecho de Habermas el espacio público moderno ya no se construye con el uso de la razón, sino por la mano la psicopolítica, es decir por las emociones que explotan o nutren eficazmente las noticias falsas.

Equívocos electorales

domingo, 20 de noviembre de 2016

En estos días Facebook ha sido acusada de haberse implicado directamente en el resultado de las elecciones estadunidenses al permitir la publicación de noticias falsas, que influyeron en la decisión de los ciudadanos para sufragar por Trump. Obama mismo ha tenido palabras duras contra Facebook. Incluso Marc Benioff , CEO de Salesforce, ha señalado que Twitter es culpable del resultado electoral de Estados Unidos. 
Tampoco ha salido indemne Google: se le acusa de no frenar la difusión de noticias falsas, al no eliminar de sus búsquedas al sitio de noticias “70 News”, que difundió un falso conteo final de las elecciones que mostraba un triunfo de Trump en lo referente al voto popular, siendo que lo ganó Hillary Clinton. No obstante, se ha sobredimensionado el papel de los medios de comunicación emergentes.
En la llamada era del Big Data (BD), según Viktor Mayer-Schönberger & Kenneth Cukier, se puede lograr mayor fiabilidad en el conocimiento de o opiniones de las personas, ya que se pueden explorar grandes volúmenes de datos y alcanzar pronósticos precisos. Pero tanto las predicciones basadas en el BD como en las encuestas tradicionales no sirvieron para nada. 
Trump le ponchó las llantas al Big Data y, de paso, pone en predicamento a las empresas que venden humo a diversos gobiernos, ofreciéndoles sus servicios de pitonisas y de expertas en el análisis del BD para predecir la aparición de fuertes movimientos sociales, revueltas civiles o disturbios colectivos.
También fracasaron las tecnologías de orientación personalizada, ya que software y algoritmos usados para conocer las preferencias de los votantes para enviarles mensajes políticos personalizados por correo electrónico o vía las redes sociales, no marcaron una diferencia real; si bien se promocionó a los candidatos por esa vía, la mayoría de contenidos se dedicaron a denigrar al oponente. Hillary Clinton invirtió mucho dinero en comunicación personalizada, su caballo de batalla para influir en los votantes fue el algoritmo Ada
Además, como es habitual en las redes sociales los ciudadanos no estuvieron expuestos a diversos puntos de vista, ya que los filtros burbuja de Facebook, que operan con base en sus algoritmos para analizar los gustos de las personas, les proporcionaban contenidos únicamente afines a su perfil político, lo que los alejaba de información que no coincidiera con sus puntos de vista, conformando burbujas ideológicas y políticas.
La victoria de Trump también significó un revés para Silicon Valley. Para el periodista Farhad Manjoo, del New York Times, el triunfo de Trump llevó el optimismo tecnológico del Valle de Silicio a su límite. La tribu del Valle estaba mayoritariamente a favor de Clinton, lo que se tradujo en apoyos económicos a la candidata. Se pensaba que las nuevas tecnologías estaban en consonancia con la democracia, una mente abierta y progresista, pero no fue así.
Con el triunfo del advenedizo Trump, los directivos de Silicon Valley sienten pasos en la azotea porque sus preferencias políticas y críticas al otrora candidato republicano puede llevar a tener una relación nada amable con él en el poder, por lo que no es extraño que un sector del Valle apoye con recursos económicos a quienes impulsan que California se convierta en un nuevo país. 
Las elecciones estadunidenses son un recordatorio de que los comportamientos humanos son complejos y sutiles para ser atrapados fielmente por un software o un algoritmo. Además, se exageró en la devoción puesta en los Millennials, de que serían fundamentales en el triunfo de Hillary, ya que ser usuarios de una tecnología no lleva por sí mismo a las personas a pensar en un mundo mejor; además, dicho sector no tiene un interés real por la política, no le interesa la articulación activa de lo comunitario y sólo reacciona defensivamente y quejándose de las cosas en las redes sociales, pero todo lo que transcurre fuera de un smartphone le da mucha pereza. 

Artículo publicado en El Universal de Querétaro el 20/11/16.

 
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