Las cambiantes maneras de leer y escribir

viernes, 14 de marzo de 2025


Los seres humanos somos el resultado de un entramado de relatos e historias. No solo nuestras vidas personales están marcadas por narrativas, sino también el entorno en el que crecemos, vivimos o nos desarrollamos. A través de la lectura, nos conectamos con ese universo de historias que nos han moldeado. Es gracias a la lectura como conocemos y nos ubicamos en ese cruzado entorno de narraciones que nos han construido. La herramienta que permite el periplo por esas historias es el libro, que lo mismo sirve para imaginar y conocer el pasado, que cavilar sobre el presente e imaginar lo que será el devenir.  

Pero las formas de leer están en constante cambio: con el correr del tiempo, los formatos y los dispositivos de lectura se amplían y ahora, incluso, el fenómeno de la lectura tiene un rostro difuso de cómo se despliega. Sabemos, por ejemplo, que en algunas naciones un libro puede de inmediato alcanzar la venta de cientos de miles o incluso millones de ejemplares, que no necesariamente serán leídos o están destinados a ser mero regalo o un artificio lúdico. Por ejemplo, Estados Unidos que es el campeón por antonomasia de la cultura de masas, en donde todo lo que se precie de ser un producto cultural tiene que traducirse en millones de ventas, el libro pasa bien la prueba.

Sin embargo, Estados Unidos no es el país en donde más se lee: tiene un promedio de 12.6 libros leídos anualmente por persona, mientras que su vecino Canadá supera los 17 libros anuales, mientras que su otro vecino, México, está rezagado en 3.9 libros. Pero hay países como Francia       que superan los 17 libros anuales, Corea del Sur alcanza los 11 o España los 7. 

No tenemos claridad de los porcentajes de libros que se leen por soportes, ya que a pesar de que el e-book se promocionó en demasía hasta no hace mucho, e incluso se llegó a difundir por sus promotores, y también por sus detractores, como la vía que acabaría con una tradición y la misma cultura del libro impreso, lo cierto que se ha quedado, para bien o para mal, en mera especulación, como muchas de las cosas que a veces se preludian en el campo de la tecnología. Tomemos la referencia de Estados Unidos, el país que ha promovido desde los años 60 el libro electrónico: los libros impresos representan aproximadamente el 75-80% de las ventas totales de libros. Los datos indican que en 2023, se vendieron 720 millones de libros impresos y 195 millones de e-books, mientras que en 2024, las cifras fueron de 710 millones para impresos y 200 millones para e-books. Los e-books constituyen entre el 25-29% de las ventas totales; según encuestas recientes, los libros impresos siguen superando a los electrónicos también por una cuestión que raya en el fetichismo.

En México las ventas de e-books representan una ínfima cantidad.  Los datos indican que en 2023, se vendieron aproximadamente 65 millones de libros en formato papel y 3 millones de e-books; en 2024 las cifras fueron de alrededor de 68 millones para papel y 3.3 millones para e-books (shre.ink/bcpH). De acuerdo con el último año, los libros electrónicos representan cerca del 5% del total. El porcentaje de lectores que prefieren e-books ha aumentado lentamente (shre.ink/b2Ou). La preferencia tanto de adultos como jóvenes por el papel es clara y al auge de géneros como la no ficción o incluso los comics, curiosamente, favorecen el formato físico.

A estas alturas no es claro cuando los e-books desbancarán al formato convencional, cada año arañan fracciones del mercado, pero los libros físicos siguen siendo muy populares. En el pasado se creyó que uno de los obstáculos para que la gente no se acercara y adquiriera un e-reader era cuestión generacional, que las personas anteriores a la millennial se les dificultaba navegar y explorar un libro electrónico; además, a diferencia de quienes provenían de las disciplinas científicas (ingeniería en sistemas o física, por ejemplo) los de humanidades tenían problemas para familiarizarse y explorar dispositivos electrónicos, pero conforme transcurriera el tiempo, con el recambio generacional, ganarían en interés los dispositivos de lectura electrónica, pero resulta que los mismos centenials todavía gustan del formato papel.

Pero la manera de acercarse a los libros tiene diversas vías, una que ha adquirido auge justo ahora que se ponen de moda los podcasts es el audiolibro, que para muchos usuarios es una forma cómoda de acercarse a las obras y en donde el consumo de los mismos oscila entre la literatura, historia política o incluso temas científicos. De acuerdo con datos de la macroencuesta Statista Consumer Insights, en China el 42% de los encuestados dicen haber consumido audiolibros en los últimos doce meses. Sudáfrica le sigue de cerca con un 33%. En el caso de México y Alemania tienen un porcentaje destacado de consumidores de audiolibros, con un 29% y un 27%, respectivamente.

Esto descuadra completamente las estadísticas generales sobre lectura. ¿Cómo se toma un audiolibro: como si fuera similar a leer un libro o como una especie de podcasts? Las mecánicas de medición no dan cuenta clara de la cantidad de libros que se leen en la actualidad si se toma en cuenta las vías que existen para leerlos. Varios incluso consideran que un audiolibro no puede ser estimado como lectura, que está lejos de la manera en que se aprovecha o lee un libro impreso o digital, el audio no permite absorber fielmente un contenido narrativo, las ideas y los mensajes del autor. A estas altura todavía hay esencialistas de la lectura que consideran o atribuyen una cualidad intrínseca al acto de leer en papel, que por esa materialidad sería superior a otros formatos, ligando la esencia de la lectura a un soporte, en este caso a un medio físico. Hoy es absurdo sostener eso, ya que la diversidad de experiencias lectoras y los avances tecnológicos permiten que las formas de leer se hayan diversificado. Lo que está claro, es que las formas de acercarse a los contenidos han cambiado mucho, por lo que las encuestas que solo toman en cuenta los libros físicos que se leen están desfasadas, no atrapan el fenómeno de la lectura en su justa dimensión.

El otro gran cambio que ya está en camino es el de la inteligencia artificial (IA), ya que la misma puede crear borradores iniciales o incluso novelas completas, lo que podría revolucionar el proceso creativo tradicional (shre.ink/b2Jo). Lo cierto es que las formas de leer y escribir siempre están en transformación. Desde el auge de los audiolibros hasta la incursión de la IA en el proceso creativo, la lectura cambia rápidamente. Aunque el libro físico sigue siendo popular, es evidente que las nuevas tecnologías están cambiando la forma en que nos relacionamos con los contenidos. Lo cierto es que las encuestas tradicionales que solo miden la lectura de libros físicos ya no capturan la complejidad del fenómeno lector en su totalidad. Pero todo esto puede verse alterado con la IA, que amenaza con darle un giro de 180 grados tanto a la lectura como a la misma escritura.

Publicado en La Jornada Morelos

El desafío DeepSeek

martes, 18 de febrero de 2025

La contingencia domina el campo de las nuevas tecnologías. Apenas unos días antes que DeepSeek alcanzara un interés mundial, la industria estadounidense de IA se consideraba líder global de ese sector, pero eso quedó en entredicho al comprobar que DeepSeek logró un LLM potente que compite, e incluso supera, al más desarrollado de OpenAI (el 4º de GPT). Comento a continuación algunos aspectos que quiero destacan sobre este barullo de DeepSeek:

1. Inmediatamente después de que las descargas de DeepSeek se masificaron, surgieron exclamaciones de admiración porque China muestra tal capacidad, por encontrar la manera de construir modelos competentes con pocos recursos; después vinieron los cuestionamientos y ataques.

Las restricciones estadounidenses a la exportación de chips obligaron a los desarrolladores de DeepSeek a conformar algoritmos potentes, inteligentes y eficientes energéticamente para compensar su falta de potencia de cálculo. Se dice que ChatGPT requiere 10.000 GPU de Nvidia para procesar los datos de entrenamiento; los ingenieros de DeepSeek afirman haber conseguido resultados similares con sólo 2.000 GPU. Se destacó que había dado paso a un modelo con capacidades superiores en algunos aspectos a los de las IA estadounidenses, con una inversión —de acuerdo con las fuentes chinas— que no llegó a los 6 millones de dólares, muy inferior a los miles de millones que están detrás de los modelos estadounidenses.

2. Después de la consternación se pasó a los cuestionamientos: que DeepSeek violenta la privacidad y que cualquier pregunta y dato generado en esa IA se almacena en servidores chinos. No olvidemos que DeepSeek, al igual que otros servicios, requiere datos de usuario, que probablemente se almacenan en servidores en China, como los de las empresas de Estados Unidos se resguardan fundamentalmente en servidores que están en dicha nación. Ahora bien, en un caso el almacenamiento de datos privados puede ser accesible por el gobierno, el chino, en el otro en servidores de empresa como Meta, Alphabet o OpenAI, pero sin garantía plena de cómo se usan. La ética en ambos casos no es algo que cultiven mucho.

3. Se dice que DeepSeek no es resultado de la inversión y del esfuerzo del capital privado sino de la inversión pública. Aunque eso no está completamente claro, pero sería ingenuo pensar que detrás de esa IA esté sólo una inversión privada. Para nadie es un secreto que el gobierno chino es el financiador principal de su tecnología de punta; su líder máximo, Xi Jinping, expresó hace algunos años su intención de convertir a China en líder en IA para 2030 —de hecho existe un programa—, lo cual implica que al existir una estrategia nacional para alcanzar ese liderazgo se apoye con dinero público a empresas en IA.

Tal vez lo malo no es que sean recursos públicos, ya que como bien dice Mariana Mazzucato el Estados también crea mercado con sus inversiones científicas y tecnológicas. Lo cuestionable detrás de la inversión china es que la haga un gobierno no democrático que no respeta los derechos humanos. Para ubicar lo que priva en China, las maneras poco claras en que se manejan las cosas, de su poca transparencia, y que por ahora es más preocupantes que la discusión que se da en torno a la IA, traigo a colación un ejemplo: en 2018 cuando se difundió que un científico chino, He Jiankui, había modificado genéticamente a dos niñas (Lulu y Nana); Jiankui uso la revolucionaria técnica de edición genética CRISPR-Cas9 para modificar el gen CCR5, con el objetivo de que las niñas fueran resistentes al virus del VIH. Eso despertó indignación, controversia y una profunda preocupación a escala internacional. Se dijo que el gobierno chino envió a prisión al científico, que lo suspendió para ejercer su profesión de por vida. Pero como eso se maneja en la secrecía, en realidad no se sabe qué pasó, pero tampoco se tiene información de lo acontecido con las niñas, en qué situación se encuentran o si tuvieron mutaciones genéticas. Entonces no podemos pedir que las empresas chinas vayan a contrapelo de las políticas gubernamentales y por ello no esperemos que DeepSeek ofrezca respuestas críticas a preguntas sobre la situación que prevalece en China en materia de derechos humanos y en su sistema político.

El auge de DeepSeek deja lecciones para estos tiempos que Estados Unidos pone en marcha esquemas proteccionistas. Si Estados Unidos considera que una vía eficaz para frenar el avance de los asiáticos es prohibir la exportación y/o venta de chips de alta gama a China, está equivocado. En China ya se trabaja desde hace años con LLMs, pero hoy DeepSeek a pesar de haber surgido recientemente ya se compara con otras empresas líderes en el campo de la IA, como OpenAI y Google. Para los asiáticos no importa si se copia ya que se trata de superar lo copiado, tal como lo decían desde los años ochenta en La Quinta Generación Edward Feigenbaum y Pamela McCorduck. El problema es rasgarse las vestiduras, decir que China robó propiedad intelectual de OpenAI, obvia que Sam Altman enfrenta la misma acusación en Estados Unidos, de que sus modelos de entrenamiento usan millones de artículos protegidos por derechos de autor.

Lo interesante es que las empresas chinas erosionan, o al menos cuestionan, el modelo de IA de los titanes estadounidenses. DeepSeek ha optado porque la mayor parte de su DeepSeek-R1 esté disponible de manera gratuita, que sea de código abierto. Eso significa que cualquier desarrollador o programador puede acceder al código y usarlo para personalizar el LLM. Aunque los datos de entrenamiento están protegidos, y que se cuestionan porque se dice que fueron tomados de OpenAI. La gratuidad sirve para mostrar músculo, de poner en predicamento el modelo de IA Estadounidense, demostrar que China está a la vanguardia como ya lo evidencian libros como AI 2041 de Kai-Fu Lee y At the Speed of Irrelevance de Al Naqvi y Mani Janakiram. Por tanto, DeepSeek hará que los titanes de la IA de Estados Unidos cambien sus políticas.

Hoy estamos, pues, viviendo un capítulo más de una disputa geopolítica, de una confrontación entre modelos que luchan por la hegemonía, en donde el desarrollo tanto de la ciencia como de tecnologías, contribuirán a trazar las posiciones de liderazgo, de dominación económica y política a escala planetaria. DeepSeek, es la evidencia de que no existe una única ruta para alcanzar la conformación de lenguajes de Deep Learning potentes; ha revocado el credo de que para desarrollar un LLM robusto es necesario contar únicamente con chips de gama alta, ya que ha demostrado que una combinación de chips de gama alta y baja son suficientes, que la clave es contar con el diseño de algoritmos de alta calidad, al grado que eso le ha valido desafiar el dominio de gigantes como OpenAI, Alphabet/Google y Meta.

Publicado en La Jornada Morelos 

El ocaso del optimismo


El despliegue de internet en su primera masificación se dio de la mano del optimismo. A fines de los años 80 y principios de los 90 dominaba la fe en el futuro, se veía ausente de conflictos y disputas estériles por modelos económicos e ideologías. Primero fueron las comunidades virtuales estilo Well que dieron fe de eso con sus interacciones digitales, casi al mismo tiempo hacia agua la Guerra Fría y se caía en un abrir y cerrar de ojos el Muro de Berlín, seguido por la desaparición de la URSS. Selló esa euforia Francis Fukuyama al hablar del fin de la historia: él refería que con el colapso de la URSS y el fin de la Guerra Fría, la humanidad había alcanzado el fin de las disputas ideológicas. Para él, la democracia y el capitalismo habían demostrado ser el sistema político y económico más exitoso y robusto.

Se pensaba en la idea de universalización de la democracia liberal y del capitalismo, se consideraba de forma entusiasta que las causas principales de los conflictos entre naciones (ideología, religión y competencia económica) pasarían al olvido, las naciones emprenderían una era de paz, cooperación internacional y prosperidad, ya que las naciones democráticas y capitalistas no tendrían incentivos para luchar entre sí. Al mismo tiempo, Berners-Lee daba a conocer en los 90 la Web, que aceitaría el optimismos de que una nueva era de comunicación y entendimiento llegaba con internet. Así, una sociedad democrática se definía tanto por el derecho al voto como por la facilidad del diálogo público. En la medida que los derroteros de la democracia dependían en gran medida de la salud de los medios de comunicación y de la cultura del debate que fomentan, entonces internet ocuparía lugar central. No se imaginó que internet tuviera implicaciones para la salud de la democracia.

Se reforzó la idea de que para alcanzar una mayor calidad democrática se requería transparentar el uso de los recursos públicos, de la manera en que se usaba el dinero de los contribuyentes y se desplegó a lo largo del planeta la idea de la transparencia que podía ser potenciada con el uso de internet. Al mismo tiempo, las naciones pactaban las coaliciones económicas para la cooperación y el comercio global.

La mayoría de los ciudadanos de los países del Este tenían en la cabeza una idea de liberación que estaba lejos de anhelar una competencia económica, ellos se imaginaban seguir contando con los servicios sociales gratuitos, empleo asegurado, alquileres bajos y otros beneficios que ofrecía el sistema comunista. Para ellos «Europa» era una imagen difusa, se la imaginaban que representaba bienestar y seguridad, libertad y protección. Pensaban que sería factible conservar las ventajas del socialismo y disfrutar al mismo tiempo la libertad occidental y su consumo. Eran sueños que luego devinieron en pesadillas y hoy muchos buscan exorcizarlas acercándose a propuestas políticas que proponen detonar el entramado liberal.

La creencia en un futuro optimista, donde ciertas expresiones políticas habían quedado relegadas al pasado, se vio alimentada por la confianza en el poder transformador de la tecnología. Se esperaba que la misma condujera a un mundo más democrático y confiable. Pero como gólems, las pesadillas del pasado resucitan y sacuden los cimientos de las democracias occidentales.

Occidente y Estados Unidos pasaron por alto la matanza y represión que el régimen chino efectuó en junio de 1999 en la Plaza de Tiananmén. La vieron como una violación de derechos humanos, pero fieles a la denominada «teoría de la modernización» partían de que todas las sociedades que se industrializaban y, en consecuencia, enriquecían a un sector de sus ciudadanos, acababan siendo democracias liberales semejantes a las occidentales. Pero el Partido Comunista chino afianzó su monopolio del poder, desmintió esa teoría y aprovechó todo el know how que le transfirió Estados Unidos vía el offshoring de los años 70, para convertirse en una potencia económica mundial que hoy desafía a Estados Unidos en el campo de la ciencia y las tecnologías de punta.

Se creyó que contar en el siglo XXI con herramientas interactivas de comunicación como las redes sociales robustecerían la democracia. De acuerdo con Zac Gershberg y Sean Illin, la paradoja fundamental de la democracia consiste en que hace de la comunicación libre y abierta algo indispensable para su funcionamiento, pero esa misma libertad se convierte en una fuente de vulnerabilidad interna. Esa contradicción representa el corazón mismo de la democracia y no tiene solución ni puede eludirse. En esencia, la libertad de expresión, pilar esencial del sistema democrático, es el punto más frágil, ya que su ejercicio pleno y sin restricciones tiene el potencial de socavarla desde dentro.

Hoy internet ha sido el recurso preferido que ha usado el fundamentalismo islámico, pero sobre todo la plaga populista mundial, de derecha e izquierda. Internet, las redes sociales particularmente e incluso la inteligencia artificial, han proporcionado a los grupos populistas herramientas poderosas para difundir su mensaje, movilizar apoyos y desafiar a las instituciones establecidas; han aprovechado los malestares sociales y el desgarramiento del tejido social para captar seguidores. El populismo desafía a la democracia, habla en nombre del pueblo, tiene vocación para polarizar, propaga desinformación y erosiona el debate público. Populismo e internet han conformado un binomio indisociable. Así internet, que fue vista como herramienta poderosa de globalización, hoy es el principal difusor de ideas nacionalistas y de proteccionismo económico que pulveriza el optimismo noventero por la red y la globalización.

Internet y las nuevas tecnologías de verse como cuna de democratización y libertad, han pasado en corto tiempo a convertirse en espacio para el surgimiento de magnates retrógrados. Por ejemplo, eso puede verse con el cambio de papeles desempeñado por los líderes tecnológicos. Tanto Bill Gates como Steve Jobs fueron visionarios con una notable arrogancia, cuyas innovaciones revolucionaron industrias completas. Sin embargo, su arrogancia estaba contenida dentro de un marco específico: la creación de productos y sistemas que, en última instancia, tenían un propósito funcional y comercial. Pero Elon Musk ha llevado su soberbia a un nivel nunca antes visto, no solo por su influencia en diversos sectores —desde la industria automotriz hasta la exploración espacial—, sino también por su comportamiento en X, su red social, donde muestra su creencia de ser un visionario iluminado y un líder mesiánico de la ultraderecha populista global. Musk está obsesionado en su «misión» de desmantelar el Estado de Estados Unidos mediante un agresivo proceso de desregulación económica, todos los días hace gala de su incontinencia mental. La aventura de Musk en Doge pulveriza cualquier optimismo, ya que tendrán consecuencias terribles para la sociedad estadounidense y para el futuro de la democracia en esa nación.

Publicado en La Jornada Morelos

El programa Stargate

 

En la nueva administración presidencial de Trump, se observan dos velocidades en su enfoque sobre nuevas tecnologías y la economía. Por un lado, se busca implementar una agresiva política desregulatoria, apoyada por uno de los principales asesores de la Casa Blanca, Elon Musk, con el objetivo de aumentar la competitividad global de Estados Unidos y posicionarse como líder en sectores clave de las nuevas tecnologías. Sin embargo, al mismo tiempo, los actores seleccionados para llevar a cabo estos planes corren el riesgo de frenar la innovación, ya que podrían consolidar a un pequeño grupo de privilegiados, una élite, que conforme un entorno desigual y poniendo en duda la efectividad de esos esfuerzos. Al mismo tiempo, los proyectos a impulsarse pueden entrar en coalición cuando tales cerebros y egos entren en concurrencia.

Si se analiza la gestión de Trump durante su primer mandato, se puede observar una perspectiva marcada por la disparidad y la contradicción. Sus acciones, a menudo derivaron de arrebatos impredecibles, alternados con confrontaciones agresivas y, en ocasiones, intentos de colaboración. Hoy, algunas de las batallas que mantuvo, como su enfrentamiento con las grandes tecnológicas, parecen limadas. Ejemplo claro de ello es Meta, que ha optado por doblar la cabeza ante las políticas y criterios de Trump en cuanto al manejo de contenidos, y ahora respalda su interpretación ambigua y estricta de la libertad de expresión. Algo similar ha ocurrido con Jeff Bezos y otros que se alínean al servicio de Trump.

El vínculo establecido por Trump con Silicon Valley, particularmente con los líderes de las principales empresas, no solo refleja el interés directo de él en contar con esos actores como aliados de su administración, sino también les garantiza que no afectará el dominio oligopólico que ejercen. Pero ese sector no es homogéneo, ya que está marcado por la presencia de egos y rivalidades internas que pueden dificultar que actúen al unísono como bloque y adherirse a las políticas gubernamentales. De hecho, ya se dio un primer desencuentro que evidencia las tensiones latentes dentro de ese sector.

Inmediatamente después de que Trump derogó la orden ejecutiva de la administración Biden que buscaba regular la inteligencia artificial (IA), presentó el pasado miércoles el proyecto Stargate. Éste consiste en la creación de una empresa que contará con la participación de OpenAI, Oracle y Softbank. El objetivo principal de esa iniciativa es acelerar el desarrollo de la infraestructura necesaria para sistemas de IA en Estados Unidos. Además de las mencionadas empresas, el fondo soberano emiratí MGX también contribuirá al proyecto. Las entidades involucradas han acordado financiar esa ambiciosa aventura empresarial con un mínimo de 500 mil millones de dólares en un plazo de cuatro años.

El proyecto Stargate se propone hacer de Estados Unidos la nación líder en el ámbito de la IA. A través del desarrollo y despliegue de tecnologías de última generación, se busca superar a competidores internacionales, sobre todo China, y garantizar la supremacía estadounidense en sectores estratégicos como la medicina, la educación y el transporte.

Stargate no solo fortalecerá las tecnologías de vanguardia basadas en IA, sino que también tendrá un impacto significativo en la economía estadounidense. Esto se reflejará en la creación de nuevos productos para su comercialización, lo que, a su vez influirá en la economía global. Además, Stargate abrirá camino a la creación de empleos altamente especializados, consolidando a Estados Unidos como líder indiscutible en el ámbito de la IA y reforzando su posición de liderazgo global.

No obstante, al día siguiente de darse ese anuncio Elon Musk marcó su distancia. Cuestionó la viabilidad financiera de Stargate, que no cuenta con los fondos necesarios para cumplir con la inversión prometida. En particular, cuestionó la capacidad de Softbank de aportar suficiente capital, afirmando que ni siquiera cuenta con 10 mil millones de dólares. En este caso no se puede pasar por alto que Musk ha tenido una rivalidad directa con Sam Altman, CEO de OpenAI, figura clave en el proyecto Stargate (shre.ink/b3zX). Esta tensión entre Musk y Altman deriva de desacuerdos tenidos en el pasado sobre el enfoque y la dirección de OpenAI, lo que ha dado paso a una competencia entre ambos en el sector de la IA (shre.ink/b3zu).

Si bien es cierto que Musk fue nombrado para liderar el Departamento de Eficiencia Gubernamental en la administración de Trump, sus críticas al proyecto Stargate marcan un diferendo público con la administración que lo ha nombrado. Eso sugiere que, a pesar de su cercanía con Trump, Musk no puede dejar de hacer públicas sus opiniones (shre.ink/b3Rw). En las ideas de Musk se evidencian dudas financieras, rivalidades personales y egos afectados, pero que advierten que es difícil que él se alinee del todo con las expectativas de la administración Trump.

Eso desató en X un inusitado apoyo por Musk, señalando su papel visionario y sus devotos fans toman todo lo que él dice como si fuera la palabra de una deidad. De genio no lo bajaron y de que había superado a la misma Nasa por su política de conquista del espacio, de colonizar Marte. La figura de Elon Musk como visionario espacial y tecnológico por lo visto ha eclipsado a menudo el trabajo de instituciones como la Nasa y de proyectos financiados con fondos públicos. Sin embargo, se olvidan las bases sobre las cuales se construyen esas innovaciones.

El papel de la inversión pública ha sido clave en el desarrollo de las tecnologías de punta. La mayoría de las tecnologías disruptivas que vemos hoy en día, como la IA, los drones o los vehículos autónomos, tienen sus raíces en investigaciones financiadas con fondos públicos. Agencias como Darpa han sido fundamentales en el desarrollo de estas tecnologías, que luego han sido adoptadas y comercializadas por empresas privadas.

Pero hay dos cosas que quedan por ahora de ese exabrupto de Musk. Por un lado, Stargate puede ser motivo de discordias, que las relaciones entre Trump y Musk tendrán todavía desencuentros y veremos hasta donde resiste la liga. Por otra, aunque Stargate fuera un éxito, las tensiones comerciales con China ya han llevado a ese país a una revaluación de sus cadenas de suministro tecnológico; la actual encrucijada comercial y tecnológica obligará a las empresas asiáticas a rediseñar sus políticas, a diseñar sus propios chips de gama alta, lo que preludia no solo una rivalidad para los productos estadounidenses en los mercados internacionales, sino de una batalla con matices.

Artículo publicado en La Jornada Morelos.


De Twitter al Doge

lunes, 25 de noviembre de 2024

La compra de Twitter por parte de Elon Musk en octubre de 2022 dio paso a posturas polarizadas de empleados de Twitter, los directivos y la Junta Directiva y los mismos usuarios de esa plataforma. Pero lo más peculiar de esta operación fue el contexto en que se produjo: cuando las redes sociales se debatían en una crisis de identidad, mientras las nuevas generaciones buscaban horizontes digitales más allá de la monotonía de las plataformas tradicionales. La compra de Musk fue para muchos como un rayo en un cielo nublado, iluminando un paisaje que parecía estar perdiendo su brillo.

Lo inusitado de la compra estuvo en que Musk puso un ultimátum de 24 horas a la junta directiva de Twitter, un «tómalo o déjalo», algo inusual porque en vez de abrir camino a un proceso de negociación entre las partes interesadas, fue una adquisición impulsiva dada por el interés de Musk en devenir paladín de la libertad de expresión y su frenético deseo de «salvar» a Twitter del «virus de la mente despierta» («virus woke»).

Desde el momento que Musk adquirió Twitter, y le puso X, se dieron tres cuestiones paralelas. Por un lado se empezó a dar una reveladora retirada de anunciantes, cayendo notoriamente los ingresos publicitarios. Según datos de la misma plataforma, en el segundo trimestre de 2024 se redujo el 25% de ingresos, un 53% menos respecto al mismo periodo del año anterior. La fuga de anunciantes arreció tras los comentarios antisemitas de Musk, que dio paso al retiro publicitario de marcas como IBM, Disney y Apple. (shre.ink/gMI7, shre.ink/gMIL)

Otra cuestión fue que al interior de Twitter la llegada de Musk se tradujo en despidos masivos, ahorro intenso, un liderazgo déspota y el fin de las políticas de moderación de contenidos. El paso de Twitter a X hasta ahora se ha traducido en el despedido del 80% de los 7,500 empleados que contaba la plataforma, pero eso no ha contrarrestado cualquier ahorro potencial derivado de los despidos. Al mismo tiempo, brilla por su ausencia la prometida «interfaz multidimensional» que permitiría ofrecer diversos tipos de contenido que tendría a los usuarios en X durante horas, leyendo tuits, viendo videos y haciendo compras o pagos.

La última cuestión: desde que Musk se hizo de esa plataforma se favorecieron los puntos de vista políticos de derecha, se dio la espalda a los derechos humanos y el interés público. Así X, supuesto bastión de la libertad de expresión, se fue deslizando hacia la decadencia. Si bien antes de la llegada de Musk, no era precisamente un jardín de armonía, desde que el magnate tomó las riendas X se sumergió en el deterioro. La desinformación y los bulos decoraron los timeline, mientras odio e intolerancia se reproducían como virus y eran alimentados por una moderación inexistente. El feed algorítmico, diseñado para monopolizar la atención y generar interacciones lucrativas, convirtió a la plataforma en circo de polémicas y controversias. Los bots, supuestamente erradicados con el certificado de pago, se volvieron plaga devorando la credibilidad. La factura de ese declive ha llevado a que la confianza se evaporara, y con eso la esencia misma de la libertad de expresión que X pretendía defender.

Musk ha usado X como un megáfono para amplificar su propia agenda política y la de figuras alineadas con él. Ha sido rabioso propagandista de Donald Trump y estimulando ciertos discursos que van con su actual postura ideológico-política. Los efectos de sus imposturas se sienten en su valoración: X fue adquirida por 44,000 millones de dólares pero hoy su valor oscila entre 9,400 millones y 19,000 millones, lo que representa una pérdida de valor cercana al 80% (shre.ink/gMba).

Desde que Musk adquirió Twitter, se dio un notable éxodo de usuarios. Después del triunfo de Trump, la fuga se ha ahondado y ha sido acompañada con deserciones de importante medios de comunicación, de escritores y artistas. En una época era cool pertenecer a esa plataforma hoy lo cool es abandonarla. Al mismo tiempo, X sufre una carga financiera significativa, con una fuerte deuda y una severa caída en los ingresos, tema que en este momento no afecta a Musk porque ahora es parte de las ligas mayores de la administración estadounidense, que le reportará recompensas a sus negocios.

Es posible que Musk se haya convencido a sí mismo de que compró Twitter/X para garantizar la libertad de expresión. Pero la escueta verdad es que lo hizo porque quería ser propietario de su pasatiempo personal. Este acto de indulgencia revela un panorama más amplio y preocupante: la creciente brecha entre ricos y pobres. La capacidad de un individuo para acumular tal fortuna y gastarla en un impulso ideológico o personal es un reflejo de la desigualdad económica que azota al mundo. Pero también es un testimonio de la extravagancia de un hombre que compra una plataforma global para alimentar su ego, un lujo que raya en la soberbia. Arrogancia que se ha potenciado con su vinculación a Donald Trump.

Trump anunció recientemente que Musk estará, de manera honoraria, al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). Su papel al frente del DOGE se alinea con una visión conservadora de desregular masivamente diversas áreas clave, de desmontar y reducir al mínimo los apoyos a salud, educación, medio ambiente, relaciones laborales, privacidad y tecnología, relaciones internacionales y tratados comerciales y libertad de expresión. Una estrategia basada en la creencia de que al eliminar regulaciones, dar paso a un Estado mínimo, se liberarán las potencialidades económicas y permitirá a Estados Unidos alcanzar una supremacía económica global. No importa si esos recortes exacerban la desigualdad económica y afectan fuertemente a los sectores más vulnerables de la sociedad, ya que el mercado es el único que coloca a cada persona en el lugar que debe tener en la sociedad y no interesa si se deteriora más la ya de por si maltratada calidad de los servicios públicos esenciales.

La visión de Musk para su nueva tarea es una mezcla de grandiosidad y explotación. Con su sonrisa frívola y actitud despiadada, busca «patriotas» dispuestos a trabajar 80 horas a la semana sin remuneración, bajo el pretexto de que es una tarea para «engrandecer al país». Es una vil explotación laboral, un ultraje a los derechos de los trabajadores. Musk espera atraer a los «mejores» con la promesa de que trabajarán bajo su genialidad, pero en el fondo busca esclavos de élite, con alto coeficiente intelectual, dispuestos a sacrificar su bienestar por la visión de un iluminado.

Lo que desea llevar a cabo Musk es algo que impulsan una caterva de clarividentes como Peter Thiel, Travis Kalanick y otros, que actúan con base en sus propios datos, que aborrecen las regulaciones gubernamentales por considerarlas obstáculos para la innovación y la competencia. Así, la política desregulatoria que trazará Musk no solo socavará pilares esenciales de un abollado Estado benefactor estadounidense, sino que quiere hacer realidad lo que su teóloga Ayn Rand propone en La rebelión de Atlas.

Publicado en La Jornada Morelos, 201124

 
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