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Opciones de género y diversidad en Facebook

viernes, 21 de febrero de 2014

Hace unos días Facebook dio a conocer que abría la puerta a nuevas definiciones de género, al incorporar la posibilidad de que las personas que pertenecen a dicha red social puedan elegir entre 50 opciones, entre las cuales están transexual e intersexual. Incluso permite elegir el pronombre que desean usar las personas.
Actualmente, la teoría de género ha establecido desde tiempo atrás que el género no es un producto estrictamente biológico, sino también una cuestión social. Desde esa perspectiva dicha teoría ha establecido que una sociedad democrática es la que permite a las personas elegir libremente el género al que desean pertenecer, lo que es reivindicado por el movimiento LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero), ya que eso se considera algo acorde a lo que debe ser un verdadero reconocimiento de las diferencias.
Esta idea de que el individuo debe ser libre de determinar su "sexo social", en lugar de ceñirse la camisa de fuerza que impone el "sexo biológico", es una ampliación de los derechos que diversas minorías buscan concretar en diversas latitudes. Desde esa perspectiva, la cartilla de opciones de género que ofrece Facebook puede ser vista como algo interesante y acorde con los vientos que soplan en el campo de la diversidad sexual. Para algunos, el ofrecer un abanico de opciones de género (por ahora solo disponibles en Estados Unidos), es algo “cool" y Facebook se ha tornado en la más guay de las redes sociales.
Pero la realidad es que dicho sitio  no lo hace tanto por reivindicar la lucha del movimiento LGBT, sino por algo más  burdo y económico: para segmentar más a sus usuarios con el fin de que la oferta de productos y servicios promovidos en dicha red social se pueda dirigir de manera mucho más personalizada y eficaz a los distintos nichos de mercado que convergen en esta red social.
A ver sino el día de mañana algunos de quienes opten por seleccionar varias de estas categorías no terminan haciendo lo efectuado por varias feministas en Facebook, quienes han denunciado que debieron elegir deliberadamente, en su perfil, la opción de género "hombre", como una manera de eliminar una batería de anuncios de productos antiarrugas o de belleza femeninos.
En tal sentido, tal vez lo más revolucionario hubiera sido eliminar la opción de género, o en su defecto que dicha ampliación de género se acompañara de poder seleccionar si se desea recibir o no publicidad. 

¿Vínculos débiles o fuertes?

domingo, 26 de junio de 2011


Cass R. Sunstein sostiene que el mayor enemigo de la democracia es la falta de pluralidad, que si los ciudadanos no son capaces de escuchar opiniones contrarias a las suyas no se puede articular un piso mínimo de entendimiento, condición necesaria de un espacio público democrático. Para él, internet no fomenta eso, porque es una región en donde las personas no deliberan o escuchan opiniones diferentes a las suyas, ya que usan la red para reforzar sus concepciones.
Es sabido que internet, y las redes sociales en especial, son homofílicas, cuna de vínculos fuertes, en donde los usuarios valoran más los contactos con quienes comparten intereses, pasiones e ideas comunes. Sin embargo, para el sociólogo Mark Granovetter el acceso a información rica está en los vínculos débiles.
Granovetter define como vínculos fuertes los que se dan entre familiares, amigos cercanos, colegas o compañeros de trabajo, con quienes hay mayor proximidad. Por su parte los débiles son los fortuitos e incluso los que no se repiten. Para Granovetter, en los segundos están la mayor riqueza informativa y el mayor potencial de conocimiento. Mientras los vínculos fuertes forman parte de lo conocido, de un mismo universo de elementos que uno previamente comparte, los débiles, al provenir de personas no conocidas, son los que generan riqueza y pluralidad.  
De acuerdo con eso, la construcción de ciudadanía y de un entorno democrático plural lleva a estar expuestos regularmente a nuevos hechos y opiniones diversas a las que uno sostiene. Pero optar siempre por los vínculos débiles no es la solución (como lo refieren Sinan Aral y Marshall W. Van Aistyne), ya que la precaria riqueza de la información obtenida es resultado de la poca frecuencia de los intercambios entre las personas y, sobre todo, de la postura de las mismas ante la diversidad de puntos de vista.
Por eso tal vez el problema no es tanto la endogámica vida social que llevamos en internet, y fuera de ella, sino la actitud de pensar que nuestros puntos de vista son los verdaderos o los más pertinentes, de no aceptar la diversidad de opiniones o de no contrastar puntos de vista y no entender que eso es el rasgo esencial de la vida democrática. Y en tal sentido eso no tiene mucho que ver con los vínculos débiles o los fuertes o con internet como dice Sunstein.   
Publicado en Milenio

Palabras y patentes

viernes, 4 de febrero de 2011


La lucha por los derechos de propiedad intelectual o de autor tiende, en ocasiones, a emular las batallas libradas por los grupos fundamentalistas o viceversa. En Malasia, por ejemplo, el gobierno impide a grupos cristianos usar el término Alá como traducción de Dios. Y la disputa se traslada a los tribunales para dirimir si tienen derecho a usarla.
Hoy vivimos una época regida por el individuo y lo propio, característico de la era de las marcas, las patentes y la inexorable y perenne apropiación de los signos. Las ideas hoy valen mucho menos que las palabras concretas, que son las que incluso respaldan las grandes estrategias mercantiles globales.  
Parece que el tiempo le ha dado la razón a lo nominalistas que decían que las ideas eran sólo ilusiones. Hasta ahora, y a pesar de que pulule el discurso de que en los tiempos que corren el conocimiento es el gran pivote de las economías, lo cierto es que las ideas que éste genera no se pueden patentar (por lo menos hasta este momento) sino sus síntesis de aplicación. Es por eso que más que ideas o teorías se puede patentar un nombre y pasar a ser propietario del uso comercial del mismo.
De esa manera, los individuos son dueños de la palabra “apple” o “ventana”, por ejemplo, y a tal grado ha llegado esa apropiación que la misma Google vende, vía subastas, palabras clave que pueden servir para comercializar prácticas o productos. El éxito creciente de la propiedad intelectual y de la “apropiación” vertiginosa de términos de uso común, que eran patrimonio global, testimonia esa acelerada y creciente adjudicación de vocablos y palabras que carecían de propietarios.
En la actualidad se multiplican acuerdos globales que, en nombre de los derechos de propiedad intelectual, benefician los intereses de las grandes corporaciones. Hoy, es cierto, que lo común y lo universal ya no gozan de glamur alguno y quien se pronuncie por ello puede ser tachado de un comunista desfasado. En los tiempos que corren, el fundamentalismo en torno a la propiedad intelectual se ha matrimoniado con una especie de nominalismo conservador para descartar el sentido de la propiedad común, construyendo murallas con palabras patentadas o alrededor de las mismas.

Publicado en Milenio

El Leviatán de la seguridad


Desde varios frentes se vulneran hoy los derechos de los usuarios de internet. Estos ataques que se propagan a escala global proceden de los países desarrollados. Entre los principales están la seguridad (al que nos referiremos aquí), la lucha contra la piratería y la puesta en marcha de una política para erosionar el principio de neutralidad de la red.
La cuestión de la seguridad es “reciente”, se intenta poner en marcha por ahora en Estados Unidos y en nombre de la seguridad del gobierno de dicha nación se quieren emplear backdoors (“puertas traseras”) para espiar el uso que hacen los usuario de internet. Con ese término se alude a una secuencia específica en el código de programación que permite acceder al sistema y evitar los mecanismos de seguridad.
El Center for Democracy & Technology indica que en Estados Unidos esa demanda proviene del FBI, que en nombre de la protección contra el terrorismo quiere obligar a todos los proveedores de servicios de internet (PSI) a crear backdoors, con el fin de que los cuerpos de seguridad tengan acceso a las redes enlazadas a internet, a los sistemas y a todas las comunicaciones generadas e intercambiadas por las personas en la red.
Pero los sistemas desprotegidos son una invitación generosa a hackers, piratas y cuerpos de seguridad cibernéticos de otros gobiernos, un ejemplo de eso es el famoso virus Stuxnet. Es un hecho que cuando se instalan más vías de acceso o penetración en los sistemas de cómputo, o cuando más frágil o menos controladas son las entradas a los mismos, más vulnerable se torna la seguridad global. La medicina se puede volver la peor enfermedad.
Podemos imaginar que si el gobierno estadunidense obliga a todos los PSI de su territorio a instalar dicho esquema de acceso, de inmediato se contagiarán otros países con esa idea, como ya sucede en Europa. Pero todo endurecimiento de las políticas “de interés nacional”, destinadas a disminuir la protección de la vida privada de los ciudadanos corre el riesgo, a mediano plazo, de volverse en contra de su propósito inicial creando una especie de leviatán con un poder sin límites, no sobre los delincuentes sino sobre todos los ciudadanos. 

Publicado en Milenio

Ciberguerra

jueves, 6 de enero de 2011


"Infoguerra", "guerra cibernética”, "guerra digital”, son algunos de los términos usados en estos días para hablar de la ciberguerra que “arrancó” con el suceso WikiLeaks. Otras opiniones han expresado que los ataques de Denegación de Servicio Distribuido (DdoS) son una variante más de la misma.
Pero eso no es de ahora, ya en 1999, por ejemplo, durante la intervención de los países aliados en la guerra de Kosovo, se desató una batalla entre computadoras manejadas por hackers y expertos. Un grupo integrado por voluntarios de diferentes nacionalidades que estaban contra los países aliados penetró equipos estratégicos de la OTAN, de la Casa Blanca y del portaaviones estadunidense Nimitz. A tal grado fue la disputa que en algún momento el gobierno de Clinton boicoteó sitios web de varios organismos e instituciones serbias y contempló dejar sin servicio de internet a Yugoslavia, desaparecerla del ciberespacio, lo que al final no se concretó. Esa fue denominada la primera ciberguerra.
En 2007 Vinton Cerf, coinventor del protocolo TCP/IP, señaló que un cuarto de las computadoras conectadas a internet estaban infectadas por virus o caballos de troya que las volvían computadoras zombis. Y esa aseveración de Cerf es importante porque los primeros beneficiados de una red de equipos zombis son los estados que están enfrascados o comprometidos en una ciberguerra secreta, pero implacable, por controlar internet.
En cuanto al “ciberactivismo” basado en ataques DDoS o campañas de spam contra sitios web tampoco es novedad. Recordemos un caso: en 1997, el Electronic Disturbance Theater, un equipo de hackers, activistas y artistas que apoyaban al EZLN, puso en marcha FloodNet una acción digital que combinaba arte y política con desobediencia civil, que se desplegaba vía un applet de Java y se actualizaba automáticamente varias veces por minuto.
Hoy es cierto que Anonymous tiene herramientas más radicales como LOIC (Low Orbit Ion Cannon), un potente programa que permite implementar un ataque DDoS en menos de tres clics. Pero en todo caso esas herramientas y batallas, así como la creación de gusanos estilo Stuxnet, son reflejo de las perspectivas irreconciliables de intereses que se reproducen y debaten en el ciberespacio pero que se profundizarán con el giro que ha tomado internet a partir del caso WikiLeaks. 

Publicado en Milenio.

El mito WikiLeaks

domingo, 19 de diciembre de 2010


Creado a fines de 2006, el sitio Wikileaks es un referente periodístico en el planeta para millones de usuarios. Sin embargo el entusiasmo que despierta soslaya que el método de filtración de documentos no siempre se hace de la mejor manera y con respeto a ciertos preceptos periodísticos. Wikileaks publica documentos que no son seriamente revisados y se difunden sin ofrecer los criterios usados. Varias veces se ignoran aspectos éticos esenciales, se pasa por alto el respeto de los derechos individuales.
En ciertas situaciones es válido publicar algo sin fuentes, después de agotar las vías y métodos de obtención de la información. Dos casos justificados fueron el video “Muerte Colateral”, que describe entre otros el asesinato del reportero Namir Noor-Eldeen y que durante buen rato Reuters había solicitado a las fuerzas de ocupación estadunidenses y les fue negado. El otro fueron los documentos del Tratado de Comercio contra la Falsificación, mejor conocido como Acta, que después de haber sido solicitados a diversos gobiernos la única vía para acceder a los mismos fue por una filtración.
Pero en agosto de 2010 Wikileaks publicó más de mil páginas del caso Dutroux, relacionado con el secuestro y violación de nueve jóvenes y el asesinato de cuatro de ellas en Bélgica. Entre las filtraciones estaban entrevistas que la policía realizó al pederasta Dutroux tras su detención en 1996, pero también datos personales de otros interrogados y que no eran culpables. Cuál fue el fin de publicar direcciones, números de teléfono, datos bancarios… ¿Con qué objetivo filtrar datos personales de inocentes? ¿No le importan los “daños colaterales” de lo publicado?
En ciertas circunstancias lo aportado por Wikileaks ha roto con el criterio de ciertos medios que por intereses particulares no abordan o investigan, pero en varios casos sus prácticas no fortalecen el ejercicio periodístico. El peligro está en que su forma de ejercer el periodismo no abona por una red libre y abierta, porque expone a la comunidad internauta como incapaz de autorregularse, de suprimir prácticas que vulneran los derechos de terceros y por alimentar el anonimato como modelo periodístico. 

publicado en Milenio

 
Creada por laeulalia basada en la denim de blogger.