Democracia electrónica
viernes, 4 de febrero de 2011
Contra el Acta
viernes, 12 de noviembre de 2010
Al mismo tiempo varios gobiernos han dado a conocer públicamente sus reticencias a un acuerdo comercial global que vulnera fuertemente su soberanía. Uno de los aspectos que preocupa a varios países es el sector farmacéutico ya que Acta no distingue entre medicamentos genéricos y “piratas” o falsificados, por lo que los grandes laboratorios tendrían enormes ventajas para hacerse por completo del mercado del sector en sus naciones al aplicar tácticas comerciales que pueden desaparecer a cualquier pequeño competidor.
Brasil, por ejemplo, se ha preocupado por alentar la producción de medicamentos genéricos para combatir el sida, incluso afectando las patentes de los grandes laboratorios pero logrando frenar significativamente los decesos de quienes padecen tal enfermedad. Sin embargo, si firma el Acta prácticamente tendría que impedir la producción de tales medicamentos genéricos.
El Acta ha sido negociada a espaldas de la opinión pública, pero en las últimas semanas activistas defensores de la salud pública y de la libertad de internet han manifestado su rechazo, lo que ha llevado a representantes de China, India o el Parlamento Europeo a manifestarse en contra del Acta.
En México el Senado está en espera del documento final del Acta firmado por el presidente Calderón, o en su defecto que les remita un comunicado señalando que México pospone por ahora la firma del acuerdo y abre una tregua de discusión amplia sobre las implicaciones del Acta. Esperemos que medie la sensatez y no se imponga la idea de que la única vía para luchar contra la piratería es aplicar prácticas lesivas a los derechos de los usuarios, de una perpetua vigilancia y persecución de quienes usan internet.
Tecnología y contaminación
martes, 24 de agosto de 2010
Se usan diariamente computadoras, gadgets e infinidad de equipos tecnológicos que se han vuelto herramientas indispensables de trabajo, educación o entretenimiento. Sin embargo, la mayoría de tales aparatos generan contaminación como resultado de los múltiples productos químicos que intervienen en su fabricación.
Según el informe “PC Energy Report”, realizado por Alliance to Save Energy, en Estados Unidos las computadoras que quedan encendidas por la noche representan para las empresas un gasto de dos mil millones de euros anuales; además emiten 20 millones de toneladas de CO2 (dióxido de carbono), equivalente a lo generado por cuatro millones de coches.
El volumen de contaminantes derivado de los productos tecnológicos desde décadas atrás no sólo lo sufren países del primer mundo, sino también los que están en vías de desarrollo. Muchos equipos desechados por aquéllos van a parar a los del tercer mundo, además que la adquisición de equipos nuevos se hace sin tomar las precauciones correspondientes.
Y el problema no es baladí si se toma en cuenta que según algunos datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los desechos electrónicos a escala mundial rondan los 45 millones de toneladas métricas anuales. Como ejemplo de esto, al concluir el presente año se desecharán alrededor de mil millones de computadoras.
Lo peor es la contaminación generada por dichos productos cuando finaliza su vida útil, de los que no se sabe su paradero y sus usos. El problema empieza desde la fabricación de un producto, una computadora maquilada en China es mucho más barata para los consumidores y para las mismas empresas que la fabrican en esa nación, pero emite 24 veces más CO2 que la manufacturada en un país del primer mundo.
Pero mientras los gobiernos implementan normas para liberarse responsablemente del hardware, para obligar a las empresas del sector a tener una política adecuada en el manejo de tales desechos, ayudaría en mucho al ambiente si los consumidores de dichas tecnologías no nos embarcamos en la compra incesante de productos y prolongamos al máximo posible la vida de nuestros equipos.
Publicado en el periódico Milenio
Consumidores empoderados
sábado, 24 de abril de 2010
En la década pasada Lipovetsky h]abló de que el consumo no era una expresión pasiva y un desenfrenado alimento del individualismo, sino que en ciertas circunstancias el consumidor exigía “rendición de cuentas” a los fabricantes por lo que consumía. Por eso no es extraño que ahora el consumidor sea visto como coproductor de lo que adquiere.
Hoy domina el Customer empowerment, el consumidor protagonista e incluso activo participante en la fabricación del producto o servicio por el que sufraga. Para las empresas contar con consumidores con tales características es extraordinario porque aseguran fidelidad y mercado para los productos o servicios que ofrecen. Pero además, lo interesante es que ese empoderamiento del consumidor puede llevarlo a convertirse en mano de obra gratuita o cocreador de lo que compra o adquiere.
Esta situación se ha multiplicado con los negocios en línea. Las redes sociales, ahora tan de moda, son quienes lo capitalizan muy bien, ya que varias de ellas tienen a su favor un ejército de usuarios que generan gratuitamente infinidad de aplicaciones que terminan por hacer mucho más robusta y diversificada la red social en su conjunto.
Esa actividad dispersa de los usuarios-consumidores de tales sitios es un poderoso productor de valor para la empresa, no sólo porque dan paso a un valor de intercambio, sino porque generan una reducción de los costos de operación de la misma empresa, esto se traduce en una disminución del personal de los sitios y en colaboradores incluso más comprometidos que los mismos empleados de la empresa.
El consumidor construye el valor sobre la fabricación del bien o el servicio y también termina por volverse un apoyo a las mismas actividades de dirección de la empresa. Esto que desde la antropología podría definirse como un consumo participativo, ha terminado por erosionar las ideas sociológicas clásicas del trabajo y ya no se ve una separación entre empresa y consumidor o al consumidor más allá de la defensa de lo que consume.
Sin embargo, la autonomía total propuesta por el Customer empowerment no es tal, porque si bien los consumidores ganan en la participación de la construcción de redes, eso se da a costa de menor participación colectiva y al mismo tiempo que adquieren mayor autonomía también se incrementa la heteronomía, es decir la dependencia de los otros.
El acuerdo contra la falsificación
sábado, 16 de enero de 2010
Es paradójico que en plena era de medios globales como internet, que permiten la transparencia y la circulación de diversos tópicos a escala planetaria, todavía se lleven a cabo negociaciones de tratados comerciales mundiales en lo oscurito, de espalda a los ciudadanos. Es así como se han venido desarrollando las negociaciones relativas al Anti-Counterfeiting Trade Agreement (Acuerdo de Comercio contra la falsificación), mejor conocido como Acta y reducido a #acta en twitter.
El Acta fue lanzado por el gobierno estadunidense durante la administración de George Bush, en 2007, con el objetivo de establecer un acuerdo comercial multilateral para imponer una aplicación estricta, de responsabilidad forzada e incluso penal, para quienes violen los derechos de propiedad intelectual de los productos que circulan por internet.
Entre los países que se encuentran cocinando el Acta están, entre otros, Estados Unidos, la Comisión Europea, Japón, e incluso México. Lo increíble es que no sabemos quién o quiénes participan por México en esas conversaciones, como tampoco conocemos lo acordado por el hermetismo en que esto se desarrolla. Sin embargo, se han filtrado en internet algunos documentos que indican que el Acta quiere dar paso a una coalición internacional para luchar contra la piratería, e imponer una rígida legislación en favor de la protección de derechos de propiedad intelectual.
Aún no se ha aprobado el Acta pero parte de la misma se afianza en algunas naciones. Por ejemplo las leyes de protección de derechos de autor aprobadas en Corea del Sur, España o Francia contemplan la supresión de la conexión a internet por cuestiones relacionadas con la violación de derechos de autor. Lo increíble de todo es que Obama, quien por un lado se ha llenado la boca al promover la neutralidad de la red, e incluso en noviembre pasado avanzó en tal dirección cuando la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos empezó a tomar medidas al respecto, por otra parte abandere el Acta y esté a favor de endurecer las medidas en internet y que terminarán por afectar el acceso al conocimiento.
En México ya viene la ofensiva para aprobar el Acta que es promovida por diversos sectores de la industria, quienes poseen tentáculos de presión y representantes en el parlamento para influir en tal dirección. Pero ahora veremos si los usuarios de internet darán la batalla en este frente que pone de nuevo a prueba a las redes sociales en México.
Publicado en el periódico Milenio


