Gibson y el ciberespacio

domingo, 20 de julio de 2008


Hace 24 años cuando se escribió Neuromante de William Gibson, pocos se atrevían a pensar que lo descrito en su obra pudiera dar paso a una cultura que se ha extendido a lo largo de la década pasada. Al momento de escribir la obra Gibson (1948) no era un ilustre desconocido, pero tampoco gozaba de la notoriedad que adquirió con dicho libro. Éste le permitiría obtener los tres principales premios estadunidenses que se otorgan en el terreno de la ciencia ficción: Nébula, Hugo y Philip K. Dick. Poco después ganó el premio nipón Seiun y el australiano Ditmar, con lo que prácticamente se consagró y de pasó la trilogía que abría Neuromante tenía asegurado el éxito.
Además de las premiaciones y el reconocimiento lo interesante fue que la obra se tornó en una especie de guía o incluso de Biblia para una tribu juvenil que en ese entonces se articulaba alrededor de las emergentes tecnologías de comunicación, en particular las computadoras e internet, y que tenía una postura ambigua y contradictoria sobre la tecnología misma. Autodenominándose como cyberpunks (que también fue el subgénero de ciencia ficción al que dio vida Gibson), sus fieles seguidores se regaron como pólvora y se tomaron en serio lo que la obra describía y replicaron en sus cuerpos y ciberespacio lo que la obra representaba.
La novela no sólo tuvo la virtud de acuñar el término ciberespacio, sino que el autor dejó que el vocablo fuera de dominio público y debió enfrentar feroces batallas cuando algunas empresas más adelante quisieron patentar el término. Lo interesante de Neuromante fue desplegar intuitiva y anticipadamente lo que pocos años después advendría en el campo de las nuevas tecnologías y lo que se viviría en el ciberespacio.
El mismo Gibson ha dicho al respecto que el término ciberespacio es un recurso, una metáfora, una región en donde se concreta el proceso civilizatorio actual, e indica que en el momento que “la gente en el momento que usa internet es cuando navega en el ciberespacio. Al usar internet entra en un territorio en el cual la geografía ya no existe”.
En todo caso lo interesante de Neuromante fue que a partir de su publicación no sólo quedaron plasmados los cambios que se dieron poco tiempo después en materia cultural y tecnológica, sino que su carácter global conformaría incluso nuevas prácticas sociales que terminaron por modificar conceptos clásicos como identidad, sociedad, política, antropología, etcétera. Desde entonces el ciberespacio es una realidad social y tecnológica, además de un rasgo distintivo de este naciente siglo XXI.

Ciberbulling


El diccionario de la Real Academia española define como chisme a una “noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”. El término describe prácticas humanas de socialización añejas, pero que pueden tener un carácter tóxico y envenenar la vida de personas o grupos humanos. Los individuos no hemos tenido límites en materia de invención de rumores, de noticias y somos bastante competentes para hacerlas circular.
Por eso no extraña que en el mismo ciberespacio se esparza el conocido ciberbulling, que es una práctica que se mueve entre el chisme, las invenciones y el acoso u hostigamiento. El mismo se extiende, sobre todo, entre adolescentes y jóvenes vía correos electrónicos, sitios web en donde difunden fotos y comentarios de compañeros de clase, vecinos o diversas personas. Sobresale en esto el ejercer un maltrato psicológico, al burlarse de las discapacidades de algunos o simplemente inventar y deformar aspectos de su vida privada.
Así como la red es bastante eficaz para divulgarr noticias o llamar a la solidaridad ante alguna desgracia, también lo es para propalar los chismes y hacer de la misma una grandiosa verdulería en donde se irradian las invenciones de todo color y sabor. No se exagera al decir que muchas relaciones han sido contaminadas por este tipo de prácticas y en muchos casos sus daños son irreversibles al generar conflictos entre personas y efectos psicológicos en quienes son atacados por tales comentarios.
Pero no sólo los jóvenes han sido diestros practicantes del ciberbulling ya que también la difusión de mentiras y rumores se deja caer sobre personas que tienen una actividad pública buscando desacreditarlas y arruinar su imagen. Vale la pena decir que en ciertos casos esta práctica arranca como una broma pero conforme se difumina adquiere efectos negativos.
En varios casos se acude a programas de diseño que permiten manipular fotos de personas que después se propagan o se suben a sitios. Es por eso que tampoco puede pasar desapercibido que las nuevas formas de comunicación (correos electrónicos, videos en youtube, blogs, mensajería instantánea, mensajes SMS…) también tienen su lado nocivo al incentivar el rumor y estimular en buena medida la exclusión social.
Lo que al inicio puede parecer una broma o un chisme para quienes lo sufren o son sus víctimas puede ser un arma que lastima sus emociones, al grado que en algunas ciudades de Estados Unidos se ha convertido en una enfermedad infecciosa y las mismas autoridades la consideran una auténtica lacra social. Al señalar esto no se trata de ninguna manera de pensar en poner fuertes candados al uso de la red, pero sí de advertir que también son necesarias la creación de normas claras para Internet porque no podemos soslayar que en el ciberespacio coexisten lo mejor y lo peor del ser humano.

Telepresencia


Según Scott Fisher, pionero de la telepresencia, la misma designa a la tecnología que permite sentirse presente en un lugar o en un tiempo diferente. Mientras que Howard Rheingold la define como el conjunto de técnicas que permiten ver a través de los ojos de una máquina, y con los movimientos naturales seguir que aquellos manipulen el mundo físico. Durante los años noventa se pensaba que la telepresencia y la realidad virtual estaban llamadas a complementarse y ser el pivote de una revolución cognitiva y de la misma economía. Ambas darían vida no solo a una nueva de operar en ambientes hostiles (centrales nucleares, profundidad de los océanos, etcétera), sino que darían paso a una nueva era de relaciones del hombre con el entorno.
Incluso en cierto momento se asoció que una de ellas, la realidad virtual, sería la solución al consumo de drogas duras ya que con ella se podría convertir los viajes psicodélicos en algo inocuo ya que se fabricarían muchos programas destinados únicamente a generar viajes similares a lo implementados por el LSD pero sin el efecto y secuelas que generan las químicas.
Sin embargo, fueron demasiadas expectativas generadas y muy magros los resultados de ambas disciplinas al grado que actualmente sus experimentos quedan como parte de una resaca y de una alucinación despertada por el auge de las nuevas tecnologías. Por eso no deja de ser curioso que ahora en plena bancarrota de la realidad virtual, la empresa Cisco ha dado vida una tecnología que, asegura, podría convertirse en el sueño de las multinacionales y sus altos ejecutivos. Con dicho término esa firma la multinacional bautiza a un sistema que es capaz de enviar la imagen de una persona, en tamaño real, a una sala situada a miles de kilómetros.
Pero por más importante que esto se quiera ver, no es más que la continuación de lo que ya se viene haciendo con las teleconferencias, pero para nada es una telepresencia o una presencia a distancia, ya que para ser eso en realidad se requeriría que la persona pudiera manipular objetos a distancia, que incluso pudiera tener una interfase multisensorial que pudiera hacer mucho más realista la telemanipulación.
El uso de las teleconferencias en el mundo empresarial e incluso el sector educativo no es nuevo, aunque la virtud de esta nueva etapa de las videcoferencias estaría en que se da vida a un sistema con alta calidad en la transmisión de imágenes, con alta definición, y que la misma fluye en verdadero tiempo real. A pesar de ello no se puede decir que estemos ante un escenario realista, ya que no se da la posibilidad interactiva entre las personas que supuestamente se esperaba daría un día la famoso telepresencia.

El reino de lo falso

La red es un espacio en donde lo falso y la piratería van de la mano. En el ciberespacio existen productos e imitaciones para todos los gustos. Allí lo mismo se puede encontrar un reloj Cartier por 75 dólares, lentes Gucci por 9 dólares, o hasta una caja de Viagra por 39 dólares… Pero todos esos productos son falsos, al grado que existen datos que indican que alrededor del 10 por ciento del comercio mundial lo conforman falsos productos.
Presas de su propia notoriedad las empresas sufren una pérdida de ingresos y, también, un deterioro de imagen y notoriedad. Las grandes empresas argumentan, sin comprobarlo, que el consumidor que compra un producto falso no regresará nunca a adquirir el producto original. Las grandes marcas invierten cuantiosas sumas para frenar la piratería, como por ejemplo Cartier quien gasta más de cuatro millones de dólares anuales para luchar contra la piratería de sus productos.
Para el consumidor un falso DVD cuesta la mitad de precio y es una buena inversión y con una baja calidad del producto. Pero para quienes se dedican a la piratería es un negocio muy rentable, de poco riesgo y se han ido especializando al grado de que combinan astucia y tecnología para dar paso a “mercancías” piratas.
Los productos pueden ser creados en una fábrica que en el día se dedica a confeccionar productos legales, pero en las noches se dedica a crear los falsos. Al mismo tiempo se emplean estrategias de diseño y materiales que los imitan casi a la perfección y a tal grado que distinguir un producto original de un falso requiere de un estudio químico para saber cuál es el verdadero, y eso no sólo en cuestiones médicas, sino también en los productos textiles.
Nuestro país es un terreno fértil para lo faso, se puede conseguir con relativa facilidad desde pasta de dientes y manzanas, hasta discos y computadoras. Internet ha sido una eficaz caja de resonancia para promocionar e incluso vender todos esos productos. Pero sin duda Asia es el principal productor de enseres piratas, sobre todo China que es la mayor fábrica de los mismos, al grado de que el 70 por ciento de mercancías falsas a escala mundial provienen de dicho país.
Por ello no es raro recibir por correo electrónico las promociones de productos estilo Viagra o Cialis a precios bajos. Ellos son ejemplo de los miles de medicamento ofertados todos los días en la red, en donde gracias a millones de mensajes se promocionan y venden infinidad de productos. A tal grado es esto que el 7 por ciento de los medicamentos a escala mundial son falsos e incluso con sustancias peligrosas. Pero todo es reflejo de que lo falso al refugiarse en el anonimato y la inmaterialidad de la red termina por convertirse en algo imparable y global.

Erotismo digital

Negar a estas alturas la presencia del erotismo y la sexualidad en línea es absurdo, sobre todo porque millones de usuarios se vuelcan con desenfreno todos los días a practicar los intercambios eróticos. Millones de usuarios frecuentan de manera cotidiana los múltiples hoteles de tránsito que se amontonan en cada esquina de un chat o en los servicios de mensajería instantánea. La fauna es diversa y los gustos lo son de igual manera, de suerte que no sólo los heterosexuales usan la red para vivir sus aventuras sexuales, sino también homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y travestis que se han apropiado de las salas del chat en México y Latinoamérica.
En nuestro entorno la revista electrónica Adonis (www,adonis.com) es un reflejo de cómo la red se ha convertido en una oportunidad para abordar la problemática homosexual y la sexualidad en su conjunto, pero reflejando como en los últimos 10 años una buena parte de la población mundial ha tenido que cambiar una buena parte de sus hábitos personales. La comercialización y masificación de internet trastocó prácticas eróticas y afectivas de infinidad de personas.
Lo curioso es que ante la avalancha de contenidos sexuales que se multiplican en la red, todavía no podamos tener un dominio exclusivamente para tales contenidos, en donde lo mismo podrían caber sitios dedicados a promocionar desinteresadamente las más disímbolas prácticas sexuales que quienes se dedican a la comercialización y explotación de las imágenes sexuales.
Es absurdo que la Corporación para la Asignación de Nombres de Dominio (ICANN), presionada por el gobierno estadunidense retrocediera en la conformación de un dominio XXX que no sólo permitiría a quienes están interesados en consumir tales contenidos hacerlo de manera mucho más fácil, sino que padres de familia y enemigos de la pornografía pudieran evitar el acceder a dichos materiales.
La ICANN no sólo hace que con tales decisiones su papel sea cuestionado, que su supuesta neutralidad en la administración de la red se vea cuestionada, sino que se pasa por el arco del triunfo una realidad: que más de la mitad de las personas que diariamente acceden a la red para usar los servicios de mensajería instantánea o los servicios de tertulia digital como los chats, se vuelcan a la red no sólo para conocer amigos, sino para trasladar a lo digital todas sus fantasías sexuales y eróticas.


 
Creada por laeulalia basada en la denim de blogger.