La visión de Nexus

viernes, 1 de noviembre de 2024

 

Yuval Noah Harari, sin duda alguna es un destacado pensador contemporáneo que se ha ganado el título de «historiador del futuro». Sus análisis de eventos históricos se entrelazan con las tendencias tecnológicas actuales, permitiéndole proyectar posibles caminos para la humanidad. Harari explora los peligros y beneficios que las nuevas tecnologías conllevan, ofreciendo una visión profunda de nuestro futuro.

En Nexus, Yuval Noah Harari nos lleva en un viaje fascinante a través de la historia de la humanidad, vista a través del prisma de la información. Desde las primeras inscripciones rupestres hasta las complejas redes y plataformas de la IA, Harari explora cómo la información ha moldeado sociedades, culturas y sistemas políticos desde la Edad de Piedra hasta la era actual dominada por la IA. Con su prosa clara y su visión panorámica, Harari teje una narrativa cautivadora que nos alerta sobre los peligros que acechan en el horizonte digital. El título, Nexus, que significa conexión, refleja el punto de convergencia entre historia, tecnología, cultura y política que se explora a lo largo del libro. Harari argumenta que la IA crea nuevas formas de conexión, redes de información que transforman radicalmente los esquemas de información preexistentes, acercando cada vez más a humanos y máquinas.

La obra se divide en dos grandes secciones temporales. La primera se centra en el pasado, donde se analiza la evolución de la información, desde la comunicación oral hasta los medios masivos de comunicación, pasando por diversos formatos/interfaces como las tablillas de arcilla, los periódicos, la radio o la televisión. La segunda sección se enfoca en el presente y futuro, examinando las nuevas modalidades de información: la revolución digital y el papel de la IA en la configuración de nuestras dinámicas sociales y políticas. Se enfatiza en los desafíos y riesgos asociados con el uso de la IA y su impacto potencial en nuestra sociedad.

Según Harari, la información trasciende su papel de reflejar la realidad, ya que también establece vínculos cruciales entre los grupos humanos para interpretar la realidad. A través de ejemplos históricos que van desde textos sagrados hasta fenómenos contemporáneos como el populismo y la desinformación en las redes sociales, el autor analiza cómo diversas sociedades han aprovechado la información para moldear el orden social y político.

En la sociedad contemporánea, la información se ha convertido en un valor supremo, y se supone que su abundancia garantiza decisiones informadas. Pero esta suposición descansa sobre un mito: la información es objetiva y neutral (idea ingenua de la información). En realidad, la información es una construcción subjetiva, influenciada por intereses y poderes, lo que desafía la idea de que cantidad y calidad son sinónimos.

La ingenuidad de creer que la información es un espejo fiel de la realidad ha sido explotada por discursos populistas y de la posverdad. Estos, al apelar a emociones y prejuicios, polarizan y generan desconfianza. La IA, al automatizar la desinformación y personalizarla, profundiza esta crisis, relativizando la verdad y creando «burbujas de filtro». Las grandes plataformas, que se presentan como herramientas de unión, en realidad fomentan lo contrario. El peligro radica en la contradicción entre su imagen y sus efectos concretos. Harari nos alerta sobre el surgimiento de una IA «objetiva», carente de subjetividad, lo cual, paradójicamente, la convierte en una amenaza.

Según Harari, la IA es la expresión de una inteligencia «pura», carente de pasiones, de racionalidad «fría», la hace muy atractiva y seductora, pero al mismo tiempo eso constituye su mayor riesgo. La IA adquiere una capacidad que en teoría la hace presentarse como no influenciada por opiniones, creencias o emociones personales, lo que para muchos es una inteligencia objetiva que no se apoya en dogmas o suposiciones. Esto es lo que lleva a Harari, a ver a la IA como una fuerza transformadora más poderosa que cualquier potencia económica o ideología.

La IA, pues, es el tema más candente del libro, que de acuerdo con el autor está a punto de alcanzar un nivel de sofisticación suficiente (tal vez cuando sea una IA general), para tomar decisiones que escapan al control humano. En el momento que eso suceda la IA se convertiría, con su capacidad de agencia, en un actor global con intereses propios, que entrarán potencialmente en conflicto con los de la humanidad. La velocidad de desarrollo de la IA lleva un ritmo exponencial, ante lo cual son rebasadas las instituciones políticas y sociales para adaptarse. Esto la hace una fuerza disruptiva capaz de remodelar rápidamente el orden mundial. La IA podría llevar al desarrollo de armas autónomas que toman decisiones de vida o muerte sin intervención humana. Esto presenta serios dilemas éticos y de seguridad para la humanidad.

Harari sostiene que la IA representa un riesgo significativo para la democracia y la civilización en su conjunto. Argumenta que, sin un marco regulatorio robusto, la IA podría ser empleada para manipular a las masas y debilitar los fundamentos democráticos. Además, advierte sobre su potencial para ser utilizada con fines destructivos que amenacen a la humanidad. A medida que la IA siga avanzando en sofisticación, existe el peligro de que tome decisiones cruciales en nombre de los gobiernos, incluyendo la gestión de presupuestos, la asignación de recursos y el control social. Este escenario plantea un riesgo particular si gobiernos populistas utilizan la IA para facilitar la conformación de regímenes totalitarios.

El problema es que regular la IA es una cuestión intrincada que requiere un equilibrio fino. Es fundamental considerar diversas perspectivas para no limitar el avance de esa tecnología, pero también es crucial que los responsables de legislar tengan una comprensión sólida de la IA. Lamentablemente, esta combinación de conocimientos y experiencia es rara entre los legisladores en nuestra nación y en muchas otras.

Pero Harari advierte que la IA pone en riesgo la civilización, pero ¿no es una exageración? La historia demuestra que los humanos hemos sido nuestros peores enemigos, nos gusta exterminarnos de mano de principios y varias estupideces más, provocando devastadoras guerras y conflictos en nombre de ideologías, creencias e intereses. La Segunda Guerra Mundial, con su estremecedor balance de más de 60 millones de muertos, es un ejemplo trágico de nuestra propensión a la autodestrucción.

Si tememos porque la IA puede ser «diabólica», en realidad lo que estamos diciendo es que recelamos de que ella nos pueda superar en eso en donde hemos dado cátedra. Hoy estamos al borde de una catástrofe climática por el calentamiento global; hemos desestabilizado el clima de manera alarmante y con ello nos estamos destruyendo a nosotros mismos. A pesar de ser conscientes de que necesitamos de todos los ecosistemas de la biósfera para poder vivir como especie, seguimos destruyéndolos, desestabilizando la atmósfera y contaminando el planeta. Homo sapiens, pues, no es una perita en dulce, destaca por su destreza mental y creativa, pero también sobresale por su maldad, crueldad y afán de destrucción; los datos científicos son contundentes: la actividad humana está provocando una extinción masiva de especies a un ritmo sin precedentes. La defaunación, impulsada por la pérdida de hábitats, la caza y el cambio climático, es una de las principales causas de esta crisis. Homo sapiens se ha convertido en la fuerza geológica dominante, con un impacto desproporcionado en los ecosistemas.

La discusión sobre el papel de la IA, su estatuto epistemológico y su «naturaleza peligrosa» que Nexus expone, se asemeja al debate que enfrentamos hoy con la definición de vida. La biología sintética, la virología y la astrobiología se enfrentan a entidades que pueden considerarse «vivas» pero que no poseen una vida celular tradicional. Al fin de cuentas, hoy la IA es una más de las expresiones o entidades que trastocan nuestras certidumbres:  nos lleva a ver en lo inmediato consecuencias fatales para la humanidad. Pero vale la pena recordar la ley de Amara, «tendemos a sobreestimar el efecto de una tecnología en el corto plazo y a subestimar el efecto en el largo plazo».

Publicado en La Jornada Morelos 091024

@tulios41

¿Quién inventó internet?

jueves, 3 de octubre de 2024

 

Vista como un destello de luz en la oscuridad, un latido de esperanza en el silencio ocasionado por el no saber, la invención ha tenido un papel fundamental en el desarrollo de la humanidad. Ha sido la semilla insaciable para alimentar esa sed por lo nuevo que acompaña a la humanidad. En el pasado se asoció que su surgimiento provenía de la curiosidad, de la inquietud por dar respuestas a los misterios que acompañan al mundo, pero ha sido el recurso para desafiar reglas establecidas y la forma más inteligente de encontrar soluciones donde solo se veían problemas.

Una revolución tecnológica no nace por la pura ocurrencia de alguien, es resultado de la conjunción de distintos esfuerzos y talentos, de grandes mentes, de indagaciones provenientes de diferentes tiempos y que al ser retomados y unidos a otros recientes los investigadores o inventores ensamblan diversas herramientas para generar nuevos y, en ocasiones, revolucionarios productos. Para que esto sea factible tiene que existir un entorno propicio, vivirse un momento coyuntural que lo permita. En el caso de la computadora, su nacimiento se gestó en la mente de Alan Turing, quien en un artículo sentó las bases para la creación de una máquina lógica basada en el universo binario, el lenguaje del 0 y el 1. Este concepto, tan simple como brillante, se materializó en 1945 con la construcción de ENIAC, una máquina colosal diseñada por John Presper Eckert y John Mauchly, que se erigió como la primera computadora de la historia..

De hecho, para ese entonces ya en varias partes del orbe la construcción de la computadora se ideaba, había sido impulsada por varias personas, como lo refiere Walter Isaacson en su buena obra Los Innovadores: la historia de los genios que crearon internet. Eso es algo que suele ocurrir en períodos de invención efervescente, y eso que es cierto en el caso de la computadora, también lo es para internet: la misma idea es presentada o planteada por varias personas casi al mismo tiempo y en tal caso es difícil, e inútil, tratar de establecer su paternidad. Una patente puede ser una referencia en lo referente a algunas invenciones, pero no la demostración fehaciente de que quien lo haga fuera la primera persona que se planteó la creación de dicha herramienta.

En el libro de Isaacson se ve que una revolución tecnológica es el resultado de aspectos centrales: el talento de los innovadores, pero también del contexto que se vive y facilita dicha invención, de las redes y comunidades que pueden ser fundamentales para hacer factible los avances y descubrimientos. Además, las invenciones se nutren del pasado de manera que detrás de una invención existen muchas voces que la acompañan.

El libro de Isaacson si bien no es una historia de internet o de la computadora, sí es un recorrido por personajes importantes que contribuyeron al desarrollo de la computación e internet; el texto inicia con Ada Lovelace, considerada la primera programadora digital, y sigue con otros innovadores como Vannevar Bush, Alan Turing, John von Neumann, J.C.R. Licklider, Doug Engelbart, Robert Noyce, Bill Gates, Steve Wozniak, Steve Jobs, Tim Berners-Lee y Larry Page. A través de sus historias, el libro revela cómo estos talentosos inventores convirtieron sus ideas visionarias en realidades disruptivas y cómo su capacidad para colaborar y trabajar en equipo los hizo aún más creativos.

Por ello, el nacimiento de internet no se explica sin un ingrediente humano esencial: la cooperación. Es la concurrencia de talentos la que destaca en la confección de la misma. Internet es una herramienta cooperativa que es resultado de múltiples asociatividades. Muestra de ello es que no podemos decir con precisión a quién le corresponde ser considerado el creador de internet, pero sí sabemos que existen varias personas que fueron fundamentales para que dicho hallazgo tecnológico fuera factible.

En la creación de la red de redes hay aportes de talentos como Licklider, Bob Taylor, Larry Roberts, Steward Brand, Robert Khan, Vinton Cerf, Jon Postel, Steve Croker, Paul Baran, etcétera. Además, habría que agregar a hackers, hippies y una serie de usuarios pertenecientes a diversos sectores. Una historia que ha sido recogida de forma magistral, aunque parcialmente, por Katie Hafner y Mateehew Lyon en Where Wizards Stay Up Late. A los nombres registrados en este libro se deben añadir docenas, si no cientos de otros. Internet no sólo es el resultado de un conjunto de tecnologías sino también de una multiplicidad de invenciones. Internet es el genuino resultado de la inteligencia colectiva.

Pero si bien al inicio se podía pensar, que la red era un genuino producto de la generación de los baby boomers, en realidad poco después surgieron los aportes de la generación X o más reciente de los millennial; pero todas estas invenciones y contribuciones, derivan de estrategias científicas y bélicas que se remiten a la Segunda Guerra Mundial. Por eso se puede decir que si bien internet es un producto sobre todo de la generación boomer, la misma hubiera pasado sin pena ni gloria sin los aportes de las siguientes generaciones.

Pero en los tiempos que corren la innovación y el desarrollo tecnológico son cada vez más el resultado de esfuerzos colectivos y colaborativos, que esfuerzos individuales. Esto es el resultado del contexto en que se gestan las invenciones, por un lado está la complejidad que pueden tener algunos descubrimientos que demandan conocimientos y habilidades interdisciplinarias. De hecho ya desde los años sesenta del siglo pasado los esfuerzos colectivos eran una realidad: el Proyecto Apollo fue resultado de un equipo de miles de ingenieros y científicos de NASA que trabajaron juntos para llegar a la Luna. Internet es otro ejemplo notorio de eso. Hoy la labor científica y tecnológica está globalizada, con lo cual el intercambio de ideas a nivel global se ha vuelto rutinario y existe una fabulosa actitud hacia la colaboración; hoy los expertos en diferentes campos trabajan juntos para abordar problemas complejos; al mismo tiempo, la industria y la academia fomentan la cooperación y el trabajo en equipo.

Bajo este contexto es imposible pensar, por ejemplo, que el Proyecto Genoma Humano hubiese sido resultado de un esfuerzo individual, ya que concretarlo fue un esfuerzo internacional que involucró a miles de científicos; recientemente a escala mundial estuvimos inmersos en una pandemia, la de Covid-19, que para atacarla o frenarla requirió de trabajo y colaboración entre empresas farmacéuticas, universidades y organismos gubernamentales. Si bien es absurdo pensar que la innovación individual ya no sirve para nada, ya que todavía tiene su importancia, la misma para ser eficaz debe integrarse en un contexto más amplio de colaboración y trabajo en equipo.

Esto mismo lo resumió en su momento Paul Baran, uno de los creadores de internet, quien señaló que la creación de la primera red podría verse de la siguiente manera: «el proceso de desarrollo tecnológico es casi como construir una catedral. En el transcurso de varios cientos de años, nuevas personas se acercan y cada una de ellas coloca un ladrillo sobre las antiguas construcciones, cada una de las cuales dice: construiré una catedral, al mes siguiente se coloca otro ladrillo sobre el anterior. Luego viene un historiador que pregunta: bueno, ¿quién construyó la catedral? Pedro agregó algunas piedras aquí y Pablo agregó algunas más. Si no se tiene cuidado, se puede creer que alguien hizo la parte más importante. Pero la realidad es que cada aporte tiene que seguir o continuar sobre trabajos anteriores. Todo está ligado a todo lo demás».

Eso también de cierta forma lo refirió Alexander Graham Bell: «El gran problema con los inventos es que no se hace uno solo, sino que se hace sobre la base de lo que otros han hecho antes». Hoy nuevos ladrillos se siguen agregando a internet, para hacerla una tecnología virtual en cuanto está siempre en permanente actualización.

@tulios41

Publicado en La Jornada Morelos, 021024.

La lucha por los semiconductores

miércoles, 25 de septiembre de 2024

 

El libro Silicon Triangle (shre.ink/gRsI) es un análisis amplio de la manera en que se interconectan los aspectos económicos, políticos y geopolíticos en la producción de semiconductores. En particular el libro explora esa situación que vive Estados Unidos respecto a Taiwán y China en el contexto de la seguridad global y el papel que juegan las nuevas tecnologías, en particular los semiconductores. La obra fue coordinada a tres teclados por Larry Diamond, James O. Ellis Jr. y Orville Schell, en donde convergen análisis sobre tecnología, economía, estrategia militar, industria y política. La obra es el resultado de las deliberaciones y análisis de un grupo de trabajo multidisciplinario conformado por tecnólogos, economistas, estrategas militares, actores de la industria y expertos en políticas regionales. A lo largo de 18 meses este grupo trabajó para analizar la dinámica de la cadena de suministro global en semiconductores.

Debemos recordar que los semiconductores son el ingrediente fundamental de los chips, son como el barro que se usa para moldear las piezas de cerámica. Sin ellos, los chips, esos componentes electrónicos que impulsan nuestros dispositivos, simplemente no existirían. Hoy día la batalla está en la producción de semiconductores, que se dividen en intrínsecos y extrínsecos, pero son los segundos los más utilizados en la inteligencia artificial (IA) y Taiwán Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) es la líder en este campo.

Estos semiconductores permiten que se pueda ajustar la conductividad y crear dispositivos complejos por lo cual son ideales en la producción y dominio de los circuitos integrados avanzados, esenciales para el desarrollo de tecnologías de punta como la IA, la computación en la nube y la internet de las cosas; además, son clave para las cuestiones de seguridad, amén de ser significativos desde el punto de vista económico, al ser estratégicos para desarrollar productos innovadores y competitivos en los mercados globales.

El libro está centrado en la importancia de los semiconductores en la economía global y su papel en la seguridad nacional de Estados Unidos, son el factor esencial en la lucha que mantiene ese país con China por la hegemonía en el campo de la IA. El libro refiere que la dependencia de Taiwán para producir semiconductores y la creciente presión china sobre esa pequeña nación para controlarla directamente es un desafío para la seguridad global. Para abordar ese problema, los autores ofrecen una serie de recomendaciones para que Estados Unidos y aliados aseguren una cadena de suministro confiable de semiconductores.

Para comprender lo complicada que es la cadena de suministro, de la logística endiablada que eso conlleva citemos a los autores: «ningún país tiene ahora una cadena de suministro de chips completamente autónoma. […] cada ciclo de producción ahora implica una colaboración multinacional extremadamente compleja. Las herramientas y el diseño de software se realizan en gran medida en Estados Unidos. Las herramientas de fabricación extremadamente sofisticadas, como las máquinas de litografía, se producen principalmente en Estados Unidos, Países Bajos y Japón. La fabricación y el embalaje se efectúan en Taiwán y Corea. Las pruebas se realizan en gran medida en China y el sudeste asiático, y el ensamblaje de dispositivos terminados se centra predominantemente en China, junto con alguna migración reciente a Vietnam e India».

En tal sentido, los autores señalan que Estados Unidos deben diversificar su cadena de suministro de semiconductores, reducir su dependencia de Taiwán y China, y aumentar su producción doméstica de semiconductores extrínsecos; pero al mismo tiempo, debe fortalecer su cooperación con Taiwán en el ámbito de la fabricación de semiconductores, incluyendo colaboraciones en investigación y desarrollo, intercambio de personal y evaluaciones conjuntas de vulnerabilidades en la cadena de suministro.

De igual manera, los autores reconocen que si bien es necesario no depender tanto de Taiwán por ahora es un socio estratégico, y lo es porque el sistema de fundición ultramoderno y bien administrado de Taiwán ha permitido a esa nación producir más del 90 por ciento de los chips lógicos de vanguardia del mundo y más del 20 por ciento de sus chips heredados, que en conjunto contribuyen a casi el 40% del incremento agregado de potencia computacional del mundo cada año. Debe recordarse que los chips lógicos realizan operaciones complejas, mientras que los heredados tienen funciones específicas y limitadas: mientras los lógicos se diseñan para realizar operaciones complejas y son más eficientes, los heredados son específicos para aplicaciones antiguas y menos eficientes. Por eso la IA usa principalmente los chips lógicos, los diseñados para procesamiento de información compleja y aprendizaje automático.

Por tal aspecto es que los autores recomiendan que al mismo tiempo Estados Unidos trabaje en detener la agresión china hacia Taiwán, incluyendo la venta de armas y la coordinación de entrenamiento entre fuerzas militares en el Indo-Pacífico; también se debe desarrollar una estrategia integral de seguridad que abarque la producción, el comercio y la defensa, para asegurar la continuidad de la cadena de suministro de semiconductores.

El fuerte del libro está en manejar un enfoque interdisciplinario, en donde se combinan los análisis tecnológicos, económicos, las cuestiones de estrategia militar y la política regional. Los autores presentan un análisis detallado y bien documentado de la situación actual y ofrecen recomendaciones prácticas y realistas para abordar los desafíos que enfrenta la seguridad global de los semiconductores.

Sin embargo, el libro también tiene algunas debilidades. Algunos lectores pueden encontrar que el texto es demasiado técnico y especializado, que puede ser difícil de seguir para quienes no tienen un conocimiento previo en los temas abordados. Además, aunque el libro ofrece recomendaciones detalladas, no proporciona un plan de acción claro y específico para implementarlo.

Como es característico en este tipo de obras, el análisis se centra en la perspectiva estadounidense, no se hace un análisis crítico de la industria de Taiwán y China, las posturas y estrategias que los chinos toman al respecto, tampoco aborda las implicaciones éticas y sociales de la dependencia de los semiconductores y de la misma batalla que se libra por la hegemonía en ese sector. Además, no se abordan los efectos que esa disputa tiene en otras zonas del orbe. Asimismo, se dejan de lado las erráticas políticas industriales de Estados Unidos que en medio del frenesí de la globalización de los años sesenta y setenta del siglo pasado, llevó a las grandes tecnológicas a exportar su know how a China con el fin de fabricar productos a un menor costo de producción pero eso terminó fortaleciendo competitivamente a China. El impacto de los semiconductores y la disputa por la IA es el resultado de esas erráticas políticas.

@tulios41

Publicado en La Jornada Morelos 

https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/la-caza-digital-72/

Las batallas de X

viernes, 20 de septiembre de 2024

 

Como se sabe el 8 de enero de 2023 una turba de partidarios del otrora presidente brasileño Jair Bolsonaro, irrumpieron en el Congreso, el Palacio de Planalto y el Tribunal Supremo, demandando que Bolsonaro fuera reinstaurado como presidente y se destituyera al hoy presidente, Lula da Silva. Ese violento suceso —copia de lo sucedido en el Capitolio de Estados Unidos en enero de 2021— fue condenado por amplios sectores en la sociedad brasileña y se tipificó como intento de golpe de Estado. En tal escenario las redes sociales tuvieron un papel destacado, particularmente X, tanto en la organización y promoción de las protestas y los mismos actos violentos ocurridos en Brasil.

Ese es el contexto en el que se ubica la decisión más reciente del magistrado Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal de Brasil, de suspender temporalmente el servicio de X en Brasil. Posterior a esa invasión de los edificios de los diversos poderes de Brasil ya referidos, se desprendieron una serie de investigaciones y requerimientos a X para que eliminara perfiles y mensajes de determinada personas, cuestiones que fueron no solo incumplidas sino atacadas por el dueño de X.

Elon Musk respondió, cual su estilo, con exabruptos y elevando la apuesta, cerró sus oficinas en Brasil y se negó a acatar las medidas. Sin embargo, como es característico de él (ya que no traga ácido sulfúrico ni es imbécil), posteriormente empezó a cambiar de postura y se dijo dispuesto a dialogar con las autoridades para acatar los requerimientos, entre las cuales están también las multas, que se han hecho a su empresa. Entre más tiempo pase sin solventar eso sus empresas pierden más dinero.

Mal hicieron quienes celebraron las posturas de Musk y lo enaltecieron como la quintaesencia de la libertad de expresión, pero también errónea fue la postura de los fundamentalistas que ven en Musk la encarnación del averno y se inclinaron a celebrar la medida de las autoridades judiciales brasileñas, considerándola impoluta y democrática, pero pasaron por alto los desatinos, desconocimientos de las autoridades brasileñas en la manera de operar de las tecnologías digitales y, de paso, violentar los derechos de los usuarios.  

Para nadie es un secreto que las Big Tech son buenas en eso de no respetar leyes en diversos países. Un argumento común, que en diversos momentos sí les valió, fue que las sanciones y decisiones judiciales en otras naciones no eran válidas por la carencia de jurisdicción: sus domicilios fiscales estaban fuera de dicha nación, o en su defecto que las filiales registradas fuera de Estados Unidos no tenían relación con la empresa principal que administra dicha firma de internet. Esa situación prácticamente se ha solventado en la inmensa mayoría de países que han hecho obligatorio tener representación legal, tal como lo evidencia la nueva legislación europea de plataformas digitales: la Ley de Servicios Digitales.

En Brasil la confrontación resulto disonante porque el dueño de X, Elon Musk, se enfrascó directamente en una disputa verbal con los jueces, cuestionó la integridad de la misma justicia brasileña y se burló de ella. Fue un auténtico desafío, pero es cierto que la medida de la autoridad judicial de suspender totalmente un servicio fue desproporcionada porque afectó a todos los usuarios de X en Brasil, la mayoría no tenían o no estaba vinculada con la decisión judicial inicial.

En el afán de que X entregara los datos y bloqueara a determinadas personas, usuarios de la misma, se afectaron a millones de personas que no tenían nada que ver con tales actos sancionados. Pero eso tampoco sirvió para hacer que los usuarios comprendieran el valor del respeto de las normatividades, que acataran la sentencia porque la gente se volcó a usar los servicios de VPN; a raíz de la prohibición el uso de VPN en Brasil se disparó de manera notoria: tuvo un incremento de 1600% en pocos días (shre.ink/gwg3). Cuestión que refleja el rechazo de usuarios a la censura y su deseo de acceder a X, que la misma es una plataformas de comunicación que les es necesaria.

Sin embargo, el affaire X en Brasil tiene otras implicaciones porque lleva a cuestionarse si para una empresa es obligatorio dar respuesta positiva a todo requerimiento o prohibición que le haga una autoridad judicial, independientemente del tipo de gobierno o régimen que se trate, o debe de hacerlo sólo cuando emanen de un gobierno democrático. Por un lado, está la cuestión de si es válido, si su sentencia está fundada. Pero no solo eso, es fundamental que quien sanciona tenga la capacidad de considerar los efectos técnicos y prácticos de las medidas que desea implementar, porque en el caso de un ecosistema de comunicación digital cualquier medida que se tome se traduce en consecuencias directas e indirectas, de derivas que tienen múltiples consecuencias no deseadas en la comunicación de las personas.

La negativa de X a cumplir las órdenes judiciales ha sido interpretada por algunos analistas como una decisión política de Musk, más que una preocupación genuina por la libertad de expresión. Esto tiene sentido cuando vemos que tiene abiertos varios litigios en distintos de Europa, pero en donde sí ha decidido litigar las demandas. Es decir, Musk tiene en su radar distintas maneras de proceder, dependiendo del país que lo sancione.  

Más allá de eso, también es cierto que la justificación de las autoridades brasileñas para bloquear VPNs a menudo se basa en razones de seguridad nacional o control de contenidos, dichas medidas violentan los derechos humanos de las personas: para empezar violenta el derecho a la privacidad, ya que la idea de sancionar a quienes usen las VPNs equivale a monitorear a los usuarios y violentar derechos de privacidad; afecta la libertad de expresión e impide que las personas puedan acceder a información y la capacidad de expresarse libremente en línea. Además, las mismas autoridades brasileñas vieron que eran medidas absurdas —como lo fueron en su momento también contra WhatsApp—, se dieron cuenta de la dificultad y la ineficacia de bloquear el acceso a X vía VPNs, optaron por recular y ya no aplicar la medida. Sin olvidar que la medida generó críticas a nivel nacional e internacional, lo que pudo influir también en la decisión de revocarla.

A medida que el caso de X en Brasil siga en desarrollo, porque eso aún no concluye, sigue vigente la reflexión del tema sobre la importancia de la libertad de expresión, la responsabilidad de los actores privados en la esfera pública global, el cumplimiento de estándares internacionales de derechos humanos, la importancia de actualizarlos de cara a los avances tecnológicos, y el papel mismo de justicia en la aplicación de la ley y los retos que enfrenta en esa tarea (shre.ink/gwge).

* @tulios41

Publicado en La Jornada Morelos: https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/la-caza-digital-71/

Políticas de conexión

lunes, 6 de mayo de 2019


Las políticas de penetración de internet y la eficacia de las mismas en nuestro país ha sido algo más propio de la ficción que de la realidad. A lo largo de los años se han acumulado inversiones millonarias y fracasos notorios. El arribo de Vicente Fox a la presidencia no solo marco la alternancia al poder en nuestro país, sino también el primer esfuerzo de conexión a internet como política pública. Con Fox nació el Sistema Nacional e-México, con el fin de propiciar la incorporación de México a la Sociedad de la Información y el Conocimiento. La plataforma de conexión fueron los malogrados centros comunitarios digitales, distribuidos a los largo del país. Pobres resultados y un manejo poco claro sobresalieron en ese programa, que tenía la intención de potenciar el uso de Internet sobre todo en el tema de educación. El proyecto fracasó, pues al final del sexenio foxista, la cobertura de Internet quedó muy lejos de las proyecciones.
Con la llegada de Felipe Calderón a la presidencia no solo se recortó considerablemente el presupuesto a e-México, sino que modificó el otro programa estrella del sexenio foxista, Enciclomedia, que se transformó en Habilidades Digitales para Todos. Lo absurdo fue que hasta el último año del sexenio de Calderón, se lanzara su proyecto de Agenda Digital, que era propiamente su propuesta de conexión a internet para que México se situara entre los países mejor conectados en el orbe. Desde el arranque no se establecieron los objetivos precisos y su cobertura, lo que al final se tradujo en que al concluir el sexenio calderonista el programa quedara en el olvido y pasara sin pena ni gloria.
Con la llegada de Enrique Peña Nieto se puso en marcha, en 2013, la Estrategia Digital Nacional, el plan para digitalizar los servicios del gobierno, incrementar la conectividad a internet y concretar el proyecto de datos gubernamentales abiertos. El programa dedicado a ofrecer conectividad fue México Conectado, que tuvo el objetivo de conformar 250 mil sitios públicos de conectividad, como escuelas, hospitales y dependencias de gobierno; con los recortes sufridos durante el sexenio la meta se redujo a menos de la mitad de sitios públicos con conectividad; aspecto que tampoco se cumplió. México Conectado quedó como uno más de los esfuerzo fallidos que se han impulsado en México para lograr que el grueso de la población mexicana se conecte a internet.
Con la reciente administración encabezada por López Obrador se puso en marcha el programa Internet para Todos, que tiene el objetivo de conectar a los 50 millones de mexicanos que aún no cuentan con conexión en el país. Para eso ha destinado un poco más de 516 millones de pesos, que a ojos de diversos especialistas es insuficiente. El pasado 11 de marzo la CFE publicó las prebases de la licitación de la Red Troncal, mediante la cual se concesionarán 50 mil kilómetros de fibra óptica para conectar a 8 mil 535 sitios como escuelas, hospitales, parques públicos, edificios federales. El ganador de dicha licitación deberá invertir unos 30 mil millones de pesos, además deberá proporcionar internet gratuito en plazas, escuelas, centros de salud y otros sitios públicos.
La cuestión es ver si hay interesados en la licitación, ya que para las empresas significa invertir altas sumas en una infraestructura para zonas en donde no hay mercado para sus productos por ser las regiones más pobres del país. Hoy sabemos que el ingreso de México a la sociedad de la información no se logrará por establecerlos en programas de gobierno, buenas intenciones ni trasladando las funciones públicas a la iniciativa privada. Se requiere un programa robusto, realista que cuente con una sólida agenda, plazos específicos, objetivos concretos, mecanismos confiables de medición. Cuestiones de las cuales carece por ahora Internet para Todos.

 
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